El amor es una obediencia que va más allá de las emociones: El camino que enseña la Biblia
El amor es una obediencia que va más allá de las emociones: El camino que enseña la Biblia
La mayoría piensa en el amor como una emoción cálida, un corazón acelerado o una expresión de afecto. Claro que el amor implica sentimientos. Sin embargo, lo que la Biblia llama amor no se detiene allí. El amor bíblico es profundo, perdura más allá de los sentimientos momentáneos y incluye voluntad y obediencia. Por eso, el amor no es solo una acción cuando las cosas van bien; en ocasiones, en medio de dificultades y molestias, elegimos seguir la voluntad de Dios.
Al preguntarse por el mayor mandamiento, Jesús respondió: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” y “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:37, 39). En la Biblia, amor a Dios y amor al prójimo no se separan. No puedes decir que amas a Dios y maltratar a las personas cercanas, ni decir que amas a tu prójimo y luego ignorar la palabra de Dios. El amor genuino dirige la adoración hacia Dios y se derrama hacia los demás.
Cuando los cristianos piensan en pasajes sobre el amor, el primero que suele venir a la mente es 1 Corintios 13. La descripción que dice “El amor es paciente, benigno; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no se envanece” no solo habla de la atmósfera del amor, sino que muestra muy claramente sus características. La paciencia implica tolerar la inmadurez del otro; la benignidad, actuar con gentileza más allá de la fuerza; no actuar con rudeza significa no tratarlos de manera inapropiada solo por ser cercanos. El amor no es solo un ideal abstracto: se manifiesta en nuestro tono de voz, en las expresiones y en las decisiones diarias.
Por ejemplo, en la familia, el amor se evidencia más en pequeñas acciones, no en grandes eventos. No responder con irritación en una noche cansada, explicar una y otra vez en lugar de gritar ante un niño lento, escuchar pacientemente las historias repetidas de los padres. En el trabajo, amar se muestra en no hacer como si no fuera asunto nuestro, no avergonzar públicamente a un compañero con errores, no apropiarse de sus logros. En la iglesia, amar implica no solo cuidar a quienes nos agradan, sino también acercarse primero a quien está excluido o aislado. En definitiva, el amor se prueba más claramente en las relaciones cercanas.
La Biblia une amor con verdad. Como dice Efesios 4:15: “Hablando la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, Cristo”. El amor bíblico no es simplemente dejar pasar los errores, sino que en algunos casos, no tratar los errores como si no importaran, puede ser un acto de amor. Decir la verdad con un corazón dispuesto a edificar, no con intención de herir o dominar, es amor. Así, el amor bíblico no es solo suave ni solo justo; combina la ternura y la santidad.
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