No es un simple destello de color después de la lluvia: La alianza del arcoiris en Génesis 9 que sostiene la certeza en la vida cotidiana
La alianza del arcoiris en Génesis 9 es un símbolo de la promesa de Di
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No es un simple destello de color después de la lluvia: La alianza del arcoiris en Génesis 9 que sostiene la certeza en la vida cotidiana

No es un simple destello de color después de la lluvia: La alianza del arcoiris en Génesis 9 que sostiene la certeza en la vida cotidiana
Al ver un arcoiris, las personas usualmente piensan en consuelo, esperanza o en la belleza pasajera del momento. Sin embargo, lo que la Biblia dice sobre el arcoiris va mucho más allá de una simple apreciación estética. En Génesis 9, el arcoiris aparece como un símbolo del pacto que Dios mismo establece. Esto no es solo un símbolo que anima la esperanza humana, sino una declaración de que Dios todavía sostiene el mundo, incluso en medio de un mundo tambaleante por el pecado.
El pasaje clave se encuentra en Génesis 9:12-13: “Y dijo Dios: Esta es la señal del pacto que pongo entre mí y vosotros, y entre toda criatura viviente que está con vosotros, por generaciones perpetuas: Mi arcoiris estará en las nubes, y será por señal del pacto entre mí y la tierra.” Lo primero que llama la atención en esta promesa es su alcance. Dios no se dirige solo a Noé, sino también a sus descendientes y a “todas las criaturas vivientes”, es decir, a toda la creación en la tierra. En otras palabras, el pacto del arcoiris es una promesa de que Dios no pondrá fin a la historia de inmediato, sino que continuará preservando la creación y permitiendo que la vida humana siga adelante.
Para entender correctamente este pacto, es importante considerar también el contexto previo. Después del diluvio, Noé sale del arca, construye un altar y presenta un holocausto a Dios. Entonces, en Génesis 8:21-22, Dios declara: “No volveré a maldecir la tierra por causa del hombre, porque la imaginación del corazón del hombre es mala desde su juventud; ni destruiré de repente toda carne como hice. Mientras la tierra permanezca, mientras florezca y crezca, mientras se siembre y se coseche, mientras haya frío y calor, verano e invierno, día y noche, no cesarán.” Aquí aprendemos algo fundamental: la razón por la cual Dios preservará la humanidad no es porque el corazón humano se haya vuelto bueno de repente. La realidad es que, desde su juventud, la inclinación del corazón humano hacia el mal sigue presente. Sin embargo, Dios, en su misericordia y en su voluntad, mantiene el orden en el mundo. El pacto del arcoiris no se basa en los méritos o la esperanza humana, sino en la fidelidad y la misericordia divinas.
Este punto es también muy relevante para nosotros hoy. A menudo, sentimos que Dios está cercano cuando las cosas van bien, y que se ha alejado cuando las dificultades llegan. Pero la Biblia enseña lo contrario. La fidelidad de Dios es primaria, y nuestra situación solo puede tambalearse en ese fundamento. Los cambios de estaciones, la salida y puesta del sol, la siembra y la cosecha, que parecen procesos naturales simples, en realidad son testigos de que Dios no nos abandona. Son, aunque tan familiares, una evidencia silenciosa del pacto de Dios con la creación.
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