Getsemaní es una de las escenas más conmovedoras de los Evangelios. Jesús oró: "Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú" (Mateo 26:39). Aquí vemos la verdadera obediencia de Jesús. Él no fue a la cruz porque desconociera el sufrimiento, sino que, aun conociéndolo, se sometió por completo a la voluntad del Padre. Por eso, Getsemaní no es solo una noche triste, sino una noche santa en la que avanzó, por obediencia, hacia la salvación de la humanidad.
También nosotros atravesamos a veces el Getsemaní de la vida. Hay situaciones que no entendemos, obediencias que quisiéramos posponer y noches de oración entre lágrimas. En esos momentos, los Evangelios nos sostienen con esta verdad: "Jesús también oró". Si hoy tu corazón está agitado, comienza el día con La Palabra de hoy y luego intenta leer, aunque sea, una sola escena de los Evangelios con calma. No pasa nada si no lees mucho. Muchas veces, leer profundamente una sola escena es lo que renueva el alma.
En la meditación de los Evangelios, más que grandes técnicas, lo importante es la repetición y la concentración. Por ejemplo, esta semana puedes leer el Sermón del Monte, la próxima la Última Cena y después Getsemaní, dedicando tiempo a una escena cada vez. Si prefieres leer siguiendo el ritmo del calendario, puedes consultar Plan de lectura de 365 días o Tabla de lectura de M'Cheyne de hoy. Si ya perdiste el hilo de tu lectura, prueba usar la Calculadora de progreso para decidir con sencillez desde qué punto volver a empezar. Lo importante no es un comienzo perfecto, sino regresar nuevamente a los Evangelios.
Quien lee los Evangelios en profundidad termina aprendiendo cada vez más el corazón de Jesús. En el Sermón del Monte vemos los valores del reino de Dios; en la Última Cena, el amor del pacto; y en Getsemaní, la santidad del Señor, que obedeció hasta el final. Hoy, detente un momento ante una escena de los Evangelios. No tengas prisa, no la pases por alto solo porque te resulte conocida; léela con un corazón dispuesto a orar. El Señor sigue enseñándonos, consolándonos y guiándonos por el camino de la obediencia a través de su palabra.