La Parábola de los Dos Hijos: La Obediencia Antes que las Palabras
Reflexionamos sobre la parábola de Mateo 21, comparando una fe que hab
Bible Habit
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La Parábola de los Dos Hijos: La Obediencia Antes que las Palabras

La Parábola de los Dos Hijos: La Obediencia Antes que las Palabras
Reflexionamos sobre la parábola de Mateo 21, comparando una fe que hab
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La parábola de los dos hijos en Mateo 21 es breve, pero llega directo al corazón. Un padre le pide a sus hijos que vayan a trabajar en la viña. El primero responde: “No quiero ir”, una respuesta que puede parecerle desagradable a cualquiera. Sin embargo, después se arrepiente y va. El segundo responde con cortesía: “Sí, voy”, pero no cumple. La diferencia entre ambos no radica en lo que dicen, sino en la dirección de sus pasos. Uno, con un rechazo inicial, termina obedeciendo; mientras que el otro, con una actitud buena al principio, termina sin actuar.
Jesús plantea esta historia frente a los sumos sacerdotes y fariseos, que aparentan ser justos ante los demás. En apariencia, dicen sí a Dios, pero en realidad no se arrepienten ni creen de corazón.
Luego, Jesús afirma que los publicanos y las pecadoras entrarán en el Reino de los Cielos antes que los líderes religiosos, porque aunque estos no creyeron en el camino de Juan el Bautista, los arrepentidos sí escucharon y cambiaron. Según Mateo 21:32: “Porque vinieron a ustedes los pecadores, y creyeron en él; vosotros, en cambio, viendo esto, no os arrepentisteis ni le creísteis”. Aquí aparece un punto doloroso: no es por ignorancia que no entramos, sino por no tomar acción al haber visto, oído, y aún más, al conocer la voluntad de Dios.
Esta parábola resulta muy relevante para quienes llevan tiempo en la iglesia. Sabemos las palabras de la fe: “Hay que orar”, “Hay que vivir según la Palabra”, “Algún día hay que hacer esto o aquello”. Pero muchas veces esas palabras no se traducen en acciones concretas de obediencia. Sin embargo, incluso aquella persona que se siente débil o desconcertada puede comenzar a dar un paso de regreso a Dios en la sencillez de la obediencia, y ese momento será el principio de la gracia. El Señor no busca perfiles perfectos, sino pasos sinceros en su dirección.
Nuestro “viñedo” puede ser algo simple: comenzar a perdonar, admitir un pecado que hemos estado ocultando, leer un capítulo de la Biblia por rutina, o pedir perdón en la mesa después de una palabra áspera en la familia. La obediencia se revela en las pequeñas acciones diarias. Lo importante no es solo decir “sí, Señor” y detenerse, sino seguir caminando, incluso si lleva tiempo, hacia la voluntad de Dios.
Al leer esta historia, sería mejor no juzgar demasiado rápido a cuál de los hijos somos, sino preguntarnos: “¿En qué lugar estoy viviendo como un hijo?” ¿He sido sincero en mis actos? ¿He llegado a arrepentirme verdaderamente? ¿He cambiado alguna decisión o actitud siguiendo lo que Dios pide? Tómese un momento, abra Mateo 21 y lea cuidadosamente desde el versículo 28 hasta el 32. Aunque la Biblia es breve, a veces la respuesta que buscamos está más clara en nuestra interioridad.
La parábola de los dos hijos no es solo una enseñanza para que ‘seamos buenos’ sino que muestra qué es el arrepentimiento: no termina en sentimientos de culpa, sino en un cambio de dirección. El hijo que inicialmente dudó cambió su rumbo y eso fue en sí mismo una vida alineada con la voluntad del padre. Lo mismo se aplica a la reflexión sobre la oración personal: no basta que el corazón se conmueva, sino que esas lágrimas causen un cambio en nuestras decisiones y acciones. Cuando la emoción conduce a la obediencia, producen frutos.

Esta semana, te propongo no hacer planes complicados, sino comprometerte con un solo acto de obediencia que has dejado pendiente, por ejemplo, disculparse, leer la Biblia, o hacer alguna acción concreta hoy mismo. Después, lee Palabra para hoy y programa en qué momento llevarás a cabo esa acción. Por ejemplo, si has dejado una disculpa, hazlo antes de la cena, si necesitas leer la Biblia, hazlo antes de dormir. Las pequeñas acciones revelan la sinceridad de nuestro corazón.
Nuestro Dios valora más un gesto sincero de arrepentimiento que una respuesta rápida solo por compromiso. Pregúntate: ¿con qué hijo me identifico más hoy? ¿Qué paso debo dar ahora mismo para volver al ‘viñedo’ del Padre? Reconocer esto y actuar puede marcar un cambio profundo en nuestro caminar con Dios.
Lleva el plan McCheyne, la lectura en orden, notas y progreso en un solo lugar para saber siempre qué leer.

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