Qué transmitir cuando no podemos saber qué nos depara el futuro
Reflexionamos sobre el significado de Génesis 48, donde Jacob, ante la proximidad de su muerte, recuerda las promesas y el cuidado de Dios y bendice a los dos hijos de José, y vemos cómo ponerlo en práctica hoy.

Cuando no podemos saber qué nos depara el futuro, ¿qué deberíamos transmitir a nuestra familia o a las personas cercanas? En Génesis 48, Jacob habló de las promesas y del cuidado de Dios que había experimentado y bendijo a la siguiente generación. Aunque no podamos explicar todo lo que sucederá, sí podemos hablar del Dios que nos ha acompañado hasta hoy y bendecir el camino que otros tienen por delante.
Lo primero que recordó Jacob durante su enfermedad
Cuando José supo que Jacob estaba enfermo, fue a verlo acompañado de sus dos hijos, Manasés y Efraín. Jacob reunió fuerzas y se sentó en la cama. Lo primero que hizo fue recordar cómo Dios se le había aparecido en Luz, en la tierra de Canaán, y le había prometido bendecirlo.
Aquella promesa anunciaba que Jacob sería fecundo, se multiplicaría y llegaría a formar una multitud de pueblos. Dios también había prometido entregar esa tierra a sus descendientes como posesión perpetua. Incluso durante su enfermedad, Jacob no se limitó a hablar de su situación, sino que volvió la mirada hacia la promesa que Dios le había dado.
Recibir a sus dos nietos como hijos propios
Jacob declaró que Efraín y Manasés, los hijos que José había tenido en Egipto, serían considerados hijos suyos, al igual que Rubén y Simeón. Después pidió que los acercaran, los besó y los abrazó. Jacob confesó que pensaba que nunca volvería a ver a José, pero que Dios le había permitido contemplar incluso a sus hijos.
Jacob relacionó aquel encuentro inesperado con el cuidado de Dios. Habló del Dios a quien habían servido su abuelo Abraham y su padre Isaac. También lo reconoció como el Dios que lo había guiado durante toda su vida y lo había librado de toda adversidad.
Un orden de bendición diferente al esperado
José colocó a sus hijos de manera que Manasés, el primogénito, quedara bajo la mano derecha de Jacob. Sin embargo, Jacob cruzó los brazos y puso la mano derecha sobre la cabeza de Efraín, el menor. Cuando José intentó cambiarle las manos, Jacob respondió que sabía bien lo que estaba haciendo.
Jacob dijo que Manasés también llegaría a ser un gran pueblo, pero que Efraín sería aún mayor y que su descendencia formaría una multitud de naciones. Así bendijo a ambos, colocando a Efraín por delante de Manasés. El pasaje muestra que el orden de la bendición no se estableció según lo que José esperaba.
Una frase para compartir hoy
Jacob dijo que él moriría, pero que Dios seguiría acompañando a la familia de José y la haría regresar a la tierra de sus antepasados. No ocultó que su muerte estaba cerca, pero dejó claro que la presencia de Dios no terminaría con ella.
Hoy, cuéntale a una persona cercana, en una sola frase, cómo Dios te ha cuidado hasta ahora. Después, dile que deseas que Dios también la acompañe en el camino que tiene por delante. Puedes comenzar por volver a leer Génesis 48 y elegir una de las promesas, muestras de cuidado o bendiciones que Jacob recordó para compartirla con esa persona.
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