¿Dónde pone Deuteronomio 24 un límite a la mano de quien tiene poder?
Deuteronomio 24 limita la mano del acreedor, del empleador y del dueño del campo. A través del desarrollo del pasaje, veremos por qué protege el lugar donde duerme el pobre, su salario y la porción de alimento que le corresponde.
Deuteronomio 24 impide que quienes tienen poder ejerzan sus derechos hasta las últimas consecuencias. Ordena no arrebatar al pobre su sustento, su abrigo para dormir ni su salario, y dejar alimento para el extranjero, el huérfano y la viuda. La razón aparece en las palabras que se repiten en los versículos 18 y 22: «Acuérdate de que fuiste esclavo en Egipto».
No se puede tomar en prenda lo indispensable para vivir
El versículo 6 prohíbe tomar como prenda un molino de mano o siquiera su piedra superior. El molino era necesario para preparar el alimento; por eso, tomarlo en prenda equivalía a tomar en prenda la vida misma de la persona. Aunque la prenda sirva para garantizar el pago de una deuda, no se puede privar al deudor de aquello que necesita para subsistir.
Los versículos 10 y 11 establecen que quien presta no puede entrar en la casa del deudor para apoderarse personalmente de la prenda. Debe esperar fuera mientras el deudor sale y se la entrega. Aunque el acreedor tenga derecho a cobrar la deuda, no puede irrumpir en la casa ajena y tomar lo que quiera.
Si un pobre entrega su manto como prenda, el límite es aún más claro. Los versículos 12 y 13 ordenan no quedarse con él durante la noche, sino devolvérselo sin falta al ponerse el sol. Ese manto es lo que la persona necesita para abrigarse mientras duerme. Proteger al pobre durante la noche tiene prioridad sobre asegurar el cobro de la deuda.
El salario debe pagarse el mismo día
Los versículos 14 y 15 ordenan no oprimir al jornalero pobre y necesitado. Este mandato no solo se aplica a los hermanos israelitas, sino también al extranjero que reside dentro de sus ciudades. El salario debe pagarse ese mismo día, antes de que se ponga el sol.
El pasaje también explica por qué. El jornalero es pobre y depende de ese salario con ansiedad. El empleador controla el dinero y el momento de pagarlo, pero no puede aprovecharse de la necesidad del trabajador. Si demora el pago y el jornalero clama al Señor, la culpa recaerá sobre el empleador.
El versículo 17 traza el mismo límite en los juicios y las prendas. No se debe negar la justicia al extranjero ni al huérfano, ni tomar en prenda el manto de la viuda. La vulnerabilidad de una persona no autoriza a tratarla injustamente ante un tribunal ni a quitarle la ropa que necesita de inmediato.
Aun después de la cosecha, hay una porción que pertenece a otros
Los versículos 19 al 21 hablan sucesivamente del campo, el olivo y la viña. Si una gavilla queda olvidada en el campo, no se debe volver a recogerla. Después de varear el olivo, no se deben repasar sus ramas. Después de vendimiar, tampoco se debe volver por las uvas que hayan quedado.
Aunque cambia el lugar donde se deja parte de la cosecha, los tres mandatos señalan a los mismos destinatarios. El grano, las aceitunas y las uvas restantes pertenecen al extranjero, al huérfano y a la viuda. El dueño puede recoger la primera cosecha, pero no debe regresar para llevarse hasta lo último que haya quedado. Cuando quien posee la tierra renuncia a recoger todo lo que podría acabar en sus manos, también reciben alimento quienes no tienen tierras ni quien los proteja.
Recordar la esclavitud detiene la mano
El versículo 18 ordena a Israel recordar que fue esclavo en Egipto y que el Señor lo rescató de allí. Este recuerdo está unido al mandato de no negar la justicia al extranjero ni al huérfano, y de no tomar en prenda el manto de la viuda. En el versículo 22, la exhortación a recordar la esclavitud aparece de nuevo después del mandato de dejar parte de la cosecha.
Por tanto, el centro de Deuteronomio 24 no consiste simplemente en sentir compasión por quienes sufren. Quien tiene derecho a cobrar una deuda debe detenerse ante los medios de subsistencia y el abrigo con que el pobre duerme. El empleador debe entregar ese mismo día el salario que el jornalero espera. El dueño del campo no debe recoger hasta el último fruto después de la cosecha. Recordar que un día fueron esclavos impide que quienes tienen poder se apropien incluso de la última porción de los débiles.
Una forma concreta de poner hoy este pasaje en práctica es comprobar si tenemos pendiente algún pago legítimo y entregarlo sin más demora. No retrasar lo que otra persona debe recibir —ya sea un salario o una remuneración— conecta directamente con el mandato del versículo 15. Puedes seguir explorando el mensaje completo de Deuteronomio 24 en Lectura de la Biblia.
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