¿Qué debían recordar los flecos de la ropa en Números 15?
Exploramos el significado de recordar y cumplir los mandamientos a través de las normas sobre las ofrendas y la expiación, el incidente del sábado y la orden de llevar flecos en la ropa que aparecen en Números 15.
Los flecos de la ropa eran una señal destinada a recordar todos los mandamientos del Señor y ponerlos en práctica. Números 15 comienza con las normas sobre las ofrendas y la expiación, relata después el caso del hombre que recogió leña en sábado y, por último, ordena al pueblo mirar los flecos de su ropa para recordar los mandamientos. Si los israelitas no querían dejarse llevar por los deseos de su corazón y de sus ojos, debían tener siempre presente la palabra del Señor.
Al entrar en la tierra, debían presentar las ofrendas según las normas establecidas
El Señor explicó a los israelitas cómo debían presentar sus ofrendas después de entrar en la tierra que les daría para habitar. Cuando ofrecieran ganado vacuno u ovejas como holocausto, sacrificio por un voto, ofrenda voluntaria o sacrificio durante una festividad, debían acompañarlos con una ofrenda de harina refinada mezclada con aceite y una libación de vino.
Las cantidades variaban según se ofreciera un cordero, un carnero o un novillo. Cuanto mayor era el animal, mayor debía ser también la cantidad de harina, aceite y vino que lo acompañaba. Si se presentaban varios animales, había que preparar para cada uno la cantidad correspondiente. El oferente no decidía las cantidades a su antojo, sino que debía prepararlas de acuerdo con la clase y el número de animales.
Estas normas no se aplicaban únicamente a los nacidos en Israel. Los extranjeros que vivían entre los israelitas también debían seguirlas cuando presentaran una ofrenda por fuego. El pasaje insiste en que habría «un mismo estatuto» y «una misma ley y una misma norma». Ante el Señor, los criterios para presentar una ofrenda no eran diferentes para el israelita de nacimiento y para el extranjero.
También debían ofrecer al Señor lo primero de sus alimentos
Cuando los israelitas entraran en la tierra a la que el Señor los conducía y comenzaran a comer de sus productos, debían preparar una torta con la primera harina de la cosecha y presentarla como ofrenda elevada. No era una ceremonia destinada a realizarse una sola vez. El pueblo debía ofrecer de generación en generación una torta hecha con las primicias de su harina.
Comenzar a alimentarse de los productos de la tierra y ofrecer sus primicias formaban parte de una misma norma. Desde el momento en que empezaran a comer de aquella tierra, debían apartar la porción destinada al Señor. Aunque todavía no habían entrado en ella, el Señor les explicó con detalle lo que tendrían que hacer una vez establecidos allí.
Los pecados involuntarios y los deliberados recibían un trato diferente
Si toda la comunidad incumplía un mandamiento sin darse cuenta, debía presentar un novillo junto con su ofrenda de cereal y su libación como ofrenda por fuego, además de un macho cabrío como sacrificio por el pecado. Cuando el sacerdote hacía expiación por toda la comunidad, tanto la congregación de Israel como los extranjeros que vivían entre ellos recibían el perdón. Si era una sola persona quien pecaba por error, debía presentar una cabra de un año como sacrificio por el pecado. Después de que el sacerdote hiciera expiación por ella, quedaba perdonada.
También en este caso se aplicaba la misma ley al israelita de nacimiento y al extranjero. Cualquiera que pecara por error debía seguir el procedimiento de expiación establecido.
Sin embargo, el pecado cometido deliberadamente se trataba de otra manera. El pasaje afirma que quien actuaba así ultrajaba al Señor, despreciaba su palabra y quebrantaba su mandamiento. Esa persona debía ser eliminada de en medio del pueblo. Había una norma de expiación para el pecado cometido por error, pero no se trataba del mismo modo a quien conocía la palabra y aun así la despreciaba.
Después del incidente del sábado, recibieron una señal para recordar
En el desierto encontraron a un hombre recogiendo leña en sábado. Quienes lo descubrieron lo llevaron ante Moisés, Aarón y toda la comunidad. Como todavía no se había indicado qué debían hacer con él, lo mantuvieron bajo custodia. Cuando el Señor dio su mandato, toda la comunidad lo sacó fuera del campamento y lo castigó conforme a lo ordenado.
Inmediatamente después, el Señor mandó a los israelitas hacerse flecos en los bordes de sus vestidos y añadirles un cordón azul. El propio pasaje explica su propósito: cada vez que vieran los flecos, debían recordar y cumplir todos los mandamientos, en lugar de dejarse llevar por los deseos de su corazón y de sus ojos.
Números 15 no se limita a enseñar las normas. El pueblo debía respetar las cantidades correspondientes al número de sacrificios, apartar las primicias de la cosecha y tratar el pecado según el procedimiento establecido. Al final, el Señor les dio los flecos, una señal visible en su vida cotidiana, para impulsarlos a poner los mandamientos en práctica. Recordar no consistía solamente en guardar la palabra en la mente; debía llevarlos a obedecer los mandamientos en vez de seguir sus propios deseos.
Lee hoy Números 15:38-40 en la sección de lectura de la Biblia y escribe «recordar y cumplir» en un lugar que veas con frecuencia. Así como los israelitas recordaban los mandamientos cada vez que miraban los flecos de su ropa, una frase visible puede ayudarte a reconocer el momento de poner en práctica la palabra que has leído.
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