Números 21: cómo retomó el camino el pueblo que había murmurado
En Números 21, el pueblo se desanimó por el camino, murmuró y fue mordido por serpientes ardientes. Veamos cómo, después de mirar la serpiente de bronce y salvarse, retomó la marcha.
En Números 21, el pueblo que había murmurado reconoció su pecado, miró la serpiente de bronce levantada sobre un asta conforme a la palabra de Dios, salvó la vida y retomó el camino. Sin embargo, este relato no gira únicamente en torno al episodio de las serpientes ardientes. Números 21 narra cómo el pueblo logró sobrevivir y seguir avanzando en medio de caminos bloqueados y conflictos constantes.
Después de vencer, el pueblo volvió a murmurar por el camino
El capítulo comienza cuando el rey de Arad ataca a Israel y toma cautivos a algunos israelitas. Israel hizo un voto al Señor: si entregaba en sus manos a los cananeos, destruirían por completo sus ciudades. El Señor escuchó su clamor, e Israel destruyó a los cananeos y sus ciudades.
Sin embargo, el viaje no fue fácil después de aquella victoria. Para rodear la tierra de Edom, el pueblo tomó el camino del mar Rojo. El trayecto los desanimó y comenzaron a murmurar contra Dios y contra Moisés. Decían que los habían llevado al desierto para morir; se quejaban de que no tenían alimento ni agua y afirmaban estar hartos de aquella comida miserable.
Al comienzo del capítulo, Israel respondió a la dificultad haciendo un voto al Señor. Poco después, ante un camino difícil, murmuró contra Dios y contra Moisés. En un mismo capítulo aparecen, una junto a la otra, la imagen de un pueblo que clama al Señor y la de ese mismo pueblo que se queja contra él.
Dios mandó a los que habían sido mordidos que miraran la serpiente de bronce
El Señor envió serpientes ardientes, que mordieron al pueblo, y muchos israelitas murieron. Entonces reconocieron ante Moisés que habían pecado al murmurar contra el Señor y contra él. También le pidieron que orara al Señor para que alejara las serpientes. Moisés intercedió por el pueblo.
El Señor ordenó a Moisés que hiciera una serpiente ardiente y la colocara sobre un asta. Le dijo que todo el que hubiera sido mordido viviría si la miraba. Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un asta; cuando alguien sufría una mordedura y miraba la serpiente de bronce, conservaba la vida.
El pasaje no dice que el pueblo venciera a las serpientes ni que todas desaparecieran de inmediato. La única manera de salvarse después de una mordedura era mirar la serpiente de bronce tal como Dios había indicado. La confesión del pecado del pueblo, la oración de Moisés, el mandato de Dios y la salvación de quienes habían sido mordidos se suceden en ese orden.
El pueblo que sobrevivió levantó el campamento y siguió avanzando
Después del episodio de la serpiente de bronce, el relato enumera uno tras otro los lugares por los que pasó Israel. El pueblo avanzó hacia Obot, Ije-abarim, el valle de Zered y la región situada al otro lado del Arnón. En Beer, el Señor mandó reunir al pueblo y prometió darle agua. Israel cantó para que brotara el agua del pozo y continuó su marcha por Matana, Nahaliel y Bamot hasta llegar a la cima del Pisga.
La sucesión de estos lugares muestra de manera concreta que el pueblo no permaneció detenido. Quienes se habían desanimado y habían murmurado por el camino miraron la serpiente de bronce, salvaron la vida y volvieron a acampar y a levantar el campamento mientras atravesaban el desierto. Después de la escena en la que se quejaron por falta de agua, aparecen el pozo donde Dios prometió dársela y el canto del pueblo.
El camino tampoco terminó ante los reyes que les cerraron el paso
Israel pidió a Sehón, rey de los amorreos, que le permitiera pasar únicamente por el camino real, sin entrar en los campos ni en los viñedos y sin beber agua de los pozos. Pero Sehón se negó a dejarlo pasar, reunió a su ejército y atacó a Israel. Los israelitas derrotaron a sus tropas y tomaron posesión de su territorio y sus ciudades.
Og, rey de Basán, también salió con su pueblo para luchar contra Israel. El Señor dijo a Moisés que no le tuviera miedo, pues había entregado en manos de Israel al rey, a su pueblo y a su tierra. Israel derrotó al ejército de Og y ocupó su territorio.
A lo largo del viaje narrado en Números 21 se suceden el cautiverio, un largo rodeo, las serpientes ardientes, la falta de agua, la negativa a permitirles el paso y la guerra. Cada dificultad se resuelve de una manera distinta. El Señor entregó a los enemigos en manos de Israel, indicó a los que habían sido mordidos que miraran la serpiente de bronce, prometió darles agua junto al pozo y, antes de enfrentarse a Og, les dijo que no tuvieran miedo. El pueblo sobrevivió siguiendo su palabra y avanzó hacia el siguiente lugar.
Hoy, mientras lees Números 21, resume en cuatro oraciones lo que ocurre entre los versículos 4 y 9. Escribe, en este orden, la murmuración del pueblo, la confesión de su pecado, el mandato de Dios y lo que sucedió al mirar la serpiente de bronce. Así podrás comprender con claridad cómo se relacionan las distintas partes de este episodio.
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