El tabernáculo se preparó con ofrendas voluntarias y habilidades puestas al servicio de Dios
Éxodo 35 muestra cómo, respetando los límites del sábado, unas personas ofrecieron voluntariamente sus bienes y otras emplearon su sabiduría y sus habilidades para preparar el tabernáculo.

En Éxodo 35, el tabernáculo se preparó con los materiales que llevaron quienes quisieron ofrecerlos voluntariamente y con las habilidades que pusieron en práctica las personas sabias. Sin embargo, antes de enumerar los materiales necesarios y los objetos que debían fabricarse, se proclamó el mandato de dejar de trabajar el séptimo día y guardar el sábado. Este orden nos permite ver que la preparación del tabernáculo no debía impulsarse únicamente con entusiasmo, sino que era una labor compartida que debía realizarse dentro de los límites y conforme a las instrucciones establecidas por Dios.
Antes de construir el tabernáculo, debían guardar el sábado
Moisés reunió a toda la congregación y les comunicó que podían trabajar durante seis días, pero que el séptimo debían consagrarlo al Señor como día de reposo solemne. También les indicó que ese día no encendieran fuego en ninguna de sus viviendas. Solo después anunció qué materiales debían llevar para el tabernáculo y qué objetos tenían que fabricar.
Esta disposición deja claro que ni siquiera la construcción del tabernáculo podía realizarse al margen del mandato del sábado. Era una obra que requería muchos materiales y un trabajo minucioso, pero su importancia no anulaba el descanso del séptimo día. El pueblo comenzó a prepararlo bajo el mandato de trabajar seis días y detener toda labor el séptimo.
Quienes lo desearon de corazón llevaron sus bienes
Moisés pidió al pueblo que apartara de sus posesiones una ofrenda para el Señor. Debían llevarla quienes estuvieran dispuestos de corazón. Se especificaron materiales concretos: oro, plata y bronce, hilos de distintos colores, pieles, madera de acacia, aceite para el alumbrado, especias aromáticas y piedras preciosas.
Después de retirarse de la presencia de Moisés, la congregación respondió con hechos. Todos los que se sintieron movidos y estuvieron dispuestos llevaron ofrendas para el tabernáculo, sus utensilios y las vestiduras sagradas. Hombres y mujeres entregaron objetos de oro; quienes tenían los hilos y las pieles necesarios también los ofrecieron. Algunos llevaron plata y bronce, y otros, madera de acacia. Los jefes del pueblo aportaron piedras preciosas, aceite y especias aromáticas.
La expresión «quien esté dispuesto de corazón» del versículo 5 reaparece en el versículo 21 al hablar de quienes ofrecían voluntariamente, en el 22 al mencionar a hombres y mujeres dispuestos de corazón, y en el 29 al referirse a los israelitas, tanto hombres como mujeres, que quisieron contribuir. Los materiales del tabernáculo no procedieron todos de una sola persona. Se reunieron cuando cada uno ofreció con alegría aquello que poseía y que hacía falta.
Además de los materiales, también hacía falta el trabajo de sus manos
La preparación del tabernáculo no consistió únicamente en entregar materiales. Las mujeres hábiles hilaron con sus propias manos y llevaron lo que habían tejido. Otras mujeres, movidas de corazón y dotadas de sabiduría, hilaron pelo de cabra. Moisés encargó a todos los artesanos expertos que fabricaran cuanto el Señor había ordenado.
El pasaje también menciona por nombre a Bezalel y Aholiab. Bezalel recibió sabiduría, inteligencia y conocimiento para trabajar el oro, la plata y el bronce, tallar y engastar piedras, y labrar la madera. Aholiab participó además en la enseñanza de otros. Ambos asumieron diversas labores, como el grabado, el bordado y el tejido.
El texto presenta dos movimientos que se repiten con claridad: las personas dispuestas llevaron los materiales necesarios y las personas sabias los utilizaron para fabricar lo que Dios había mandado. No todos aportaron los mismos bienes ni poseían las mismas habilidades. Los recursos y las capacidades de cada persona se emplearon en distintas partes del tabernáculo.
La preparación del tabernáculo unió el mandato, la generosidad y la habilidad
Éxodo 35 presenta, en este orden, los límites establecidos por el sábado, los materiales ofrecidos voluntariamente y el trabajo realizado con sabiduría. El entusiasmo del pueblo no pasó por encima del descanso del séptimo día; las ofrendas procedieron de quienes quisieron darlas de corazón, y la fabricación quedó en manos de las personas capacitadas para llevarla a cabo. El tabernáculo no se preparó mediante una única forma de participación. Fue necesario descansar cuando correspondía, aportar los bienes disponibles y emplear las habilidades recibidas para fabricar cada elemento.
Hoy podemos volver a leer Éxodo 35 y anotar un bien que podamos ofrecer voluntariamente o una tarea concreta que seamos capaces de realizar. En vez de buscar lo mismo que aportan los demás, podemos decidir algo específico siguiendo el ejemplo de las personas del pasaje, que participaron con los bienes y las habilidades que ya tenían.
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