La nube cubrió el tabernáculo cuando Moisés lo levantó como se le había ordenado
Éxodo 40 relata cómo Moisés levantó el tabernáculo y colocó todos sus utensilios siguiendo el orden recibido, y cómo después la nube lo cubrió y guio el camino de Israel.

El mensaje central de Éxodo 40 es que Moisés terminó el tabernáculo tal como el Señor se lo había ordenado y que, después, la nube lo cubrió y marcó los desplazamientos de Israel. A lo largo del relato, cada etapa de su construcción concluye con una frase que se repite: «tal como el Señor se lo había ordenado a Moisés». Esta reiteración deja claro que tanto la ubicación del tabernáculo y la función de sus utensilios como la manera en que los sacerdotes debían servir no dependían del criterio personal de Moisés, sino de las instrucciones que había recibido previamente.
Moisés siguió exactamente el orden de las instrucciones recibidas
El Señor había mandado levantar el tabernáculo el primer día del primer mes. Había que introducir el arca del testimonio y ocultarla con el velo, disponer sobre la mesa lo que correspondía y encender las lámparas del candelabro. También debían colocarse en sus lugares señalados el altar de oro para el incienso, el altar de los holocaustos y la fuente. Además, había que colgar las cortinas de las entradas del tabernáculo y del atrio.
El tabernáculo y todos sus utensilios debían ser ungidos con aceite para consagrarlos. Aarón y sus hijos tenían que ser llevados a la entrada de la Tienda de reunión, lavados con agua, vestidos y ungidos. De ese modo quedarían apartados para ejercer el sacerdocio. Levantar el tabernáculo no consistía únicamente en montar una estructura y ordenar sus utensilios. Quienes servirían en su interior también debían ser lavados, vestidos y ungidos.
El versículo 16 resume primero que Moisés hizo todo tal como el Señor se lo había ordenado. A continuación, los versículos 17 al 33 describen uno por uno cómo se llevó a cabo esa obediencia. Moisés colocó las bases, levantó los tablones y erigió las columnas. Puso las tablas del testimonio dentro del arca, colocó encima el propiciatorio y ocultó el arca tras el velo.
Moisés situó la mesa en el lado norte y dispuso sobre ella los panes. Colocó el candelabro en el lado sur y encendió sus lámparas. Quemó incienso sobre el altar de oro y presentó el holocausto y la ofrenda de cereal sobre el altar de los holocaustos. También llenó la fuente con agua para las purificaciones. Cuando Moisés, Aarón y sus hijos entraban en la Tienda de reunión o se acercaban al altar, se lavaban las manos y los pies.
La frase repetida confirma que cada acción correspondía al mandato recibido
Entre los versículos 19 y 32 aparece una y otra vez la expresión «tal como el Señor se lo había ordenado a Moisés». Esta frase une distintas acciones en una sola secuencia. La instalación de la tienda y sus cubiertas, la colocación del arca tras el velo, la disposición de los panes, el encendido de las lámparas, la quema del incienso, la presentación de las ofrendas y el lavado de manos y pies se realizaron de acuerdo con las instrucciones recibidas.
El pasaje no se limita a decir que Moisés terminó el tabernáculo de manera aproximada. Comprueba paso a paso tanto la ubicación de cada utensilio como la forma en que debía utilizarse. La fuente, en particular, no fue simplemente colocada en su sitio. Moisés y los sacerdotes usaban su agua para lavarse cuando entraban en la Tienda de reunión o se acercaban al altar. El mandato no quedó reducido a la fabricación de los utensilios, sino que se hizo realidad en el servicio diario.
En el versículo 33, Moisés levantó el cerramiento del atrio alrededor del tabernáculo y del altar, y colgó la cortina de la entrada. Solo entonces el texto afirma que terminó la obra. Desde la fecha señalada para comenzar hasta la colocación de la última cortina del atrio, completar el tabernáculo significó cumplir cada instrucción sin omitir ninguna.
La nube que cubrió el tabernáculo determinó cuándo el pueblo debía partir o detenerse
Cuando Moisés terminó la obra, la nube cubrió la Tienda de reunión y la gloria del Señor llenó el tabernáculo. La nube reposaba sobre él y la gloria era tan intensa que ni siquiera Moisés podía entrar en la Tienda de reunión. El tabernáculo ya terminado quedó en medio de Israel, con la nube descansando sobre él.
Sin embargo, la nube no se limitaba a cubrir el tabernáculo. Cuando se levantaba, los israelitas emprendían la marcha. Si no se levantaba, permanecían allí hasta el día en que lo hiciera. Durante el día, la nube estaba sobre el tabernáculo; por la noche, había fuego en ella. Todo el pueblo de Israel podía contemplarla a lo largo de cada etapa de su camino.
Por tanto, Éxodo 40 presenta conjuntamente la culminación del tabernáculo y el orden que regía el viaje. Moisés preparó el tabernáculo, sus utensilios y el servicio de los sacerdotes de acuerdo con el mandato recibido. A partir de entonces, los israelitas no decidían por cuenta propia cuándo ponerse en marcha, sino que avanzaban o permanecían en el lugar según la nube se levantara o continuara sobre el tabernáculo.
La acción concreta para hoy es volver a leer Éxodo 40 y señalar dónde aparece la expresión «tal como se le había ordenado», así como lo que ocurría cuando la nube «se levantaba» y cuando «no se levantaba». Al seguir estas frases repetidas, podrás reconocer en una misma secuencia el orden en que se levantó el tabernáculo y el criterio que determinaba cuándo Israel debía partir o detenerse.
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