¿Cómo se ofrecía el sacrificio por el pecado cuando no se tenían suficientes recursos?
Levítico 5 describe cómo quien reconocía su falta debía confesarla, presentar una ofrenda acorde con sus recursos y recibir el perdón, así como la manera de reparar una ofensa contra las cosas consagradas.

En Levítico 5, quienes no tenían suficientes recursos para presentar una ofrenda no quedaban excluidos de la expiación. Si alguien no podía ofrecer una cordera, podía llevar dos aves; y si tampoco podía costearlas, podía presentar flor de harina. Para comprender esta respuesta, conviene examinar qué faltas menciona el capítulo y qué pasos debía seguir la persona después de reconocerlas.
Incluso lo que se hizo sin saberlo se convertía en culpa al descubrirlo
El pasaje comienza mencionando cuatro casos concretos. Uno era el de quien, después de oír un llamado público a declarar como testigo, no contaba lo que había visto o sabía. También se menciona el contacto con el cadáver de un animal impuro o de un insecto. Otros casos eran tocar alguna impureza humana o jurar precipitadamente que se haría algo, fuera bueno o malo.
El contacto con algo impuro o un juramento no siempre se presentan como actos realizados con plena conciencia desde el principio. El texto habla repetidamente de situaciones que ocurrieron «sin darse cuenta» o de manera irreflexiva y que fueron descubiertas más tarde. El hecho de no haberlo sabido en un primer momento no eliminaba la culpa una vez reconocida. Cuando una persona se daba cuenta de lo que había hecho, no podía simplemente pasarlo por alto.
Por eso, el versículo 5 indica que, al reconocer su culpa, debía «confesar aquello en que pecó». El proceso no terminaba al darse cuenta del error. La persona tenía que admitir su falta y presentar ante el Señor una ofrenda por ella. Cuando el sacerdote hacía expiación por su pecado, recibía el perdón.
La ofrenda variaba según los recursos de cada persona
La ofrenda habitual era una hembra del rebaño, una cordera o una cabra. Sin embargo, el pasaje añade enseguida una condición: «si no tiene lo suficiente para un cordero». En ese caso, la persona podía llevar dos tórtolas o dos palominos: uno como sacrificio por el pecado y el otro como holocausto.
Si tampoco podía costear dos aves, llevaba la décima parte de un efa de flor de harina. Como se trataba de una ofrenda por el pecado, no debía echar aceite ni poner incienso sobre ella. El sacerdote tomaba un puñado y lo quemaba sobre el altar.
Una cordera, dos aves y flor de harina eran ofrendas diferentes. Sin embargo, en todos los casos se registra el mismo resultado: cuando el sacerdote hacía expiación por la falta, la persona recibía el perdón. El texto no afirma que todos debieran presentar una ofrenda del mismo valor. Había una ofrenda adecuada a los recursos de cada uno, pero nadie quedaba exento de reconocer su culpa y llevarla ante el sacerdote.
Las ofensas contra las cosas consagradas debían repararse
A partir del versículo 14 se presenta el caso de quien pecaba involuntariamente contra las cosas consagradas al Señor. Debía ofrecer como sacrificio por la culpa un carnero sin defecto, cuyo valor correspondiera a lo establecido. Además, tenía que restituir el valor de aquello contra lo que había pecado y añadir una quinta parte, entregándoselo al sacerdote.
Mientras que la primera parte establece distintas ofrendas según los recursos de cada persona, en las ofensas contra las cosas consagradas también se incluye la reparación del daño. No bastaba con reconocer verbalmente el error. Cuando la falta exigía restitución, había que devolver lo debido y añadir la cantidad establecida. Quien quebrantaba sin saberlo alguno de los mandamientos del Señor también debía llevar un carnero sin defecto y recibía el perdón después de que el sacerdote hiciera expiación por él.
La secuencia de Levítico 5 es clara. Al reconocer su culpa, la persona confesaba lo que había hecho. Después presentaba una ofrenda acorde con sus recursos. Si había causado una pérdida relacionada con las cosas consagradas, debía repararla añadiendo la parte establecida. Aunque el valor de las ofrendas variaba, el principio era el mismo: no ocultar la culpa, sino afrontarla siguiendo el procedimiento indicado.
Una acción concreta que podemos realizar hoy es reconocer con claridad algún error del que seamos conscientes, sin restarle importancia ni dejarlo en términos vagos. Al volver a leer Levítico 5, podemos escribir en una sola frase aquello que necesitamos admitir ante la expresión del pasaje: «confesará aquello en que pecó».
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