Levítico 7 distinguía hasta las porciones que correspondían después del sacrificio
Levítico 7 no solo establece el procedimiento para presentar las ofrendas, sino también cuándo debía comerse la carne, quién podía comerla, qué partes debían quemarse y cuáles correspondían a los sacerdotes.

Los sacrificios de Levítico 7 no terminaban cuando la ofrenda se colocaba sobre el altar. Este capítulo distingue con precisión qué partes debían quemarse, quién podía comerlas, dónde y cuándo debía hacerlo, y qué porciones correspondían a los sacerdotes. Al recorrer Levítico 7, vemos que las ofrendas presentadas al Señor no se repartían según el criterio de cada persona, sino conforme a las normas establecidas.
El sacrificio de reparación lo comían personas determinadas en un lugar santo
La víctima del sacrificio de reparación se degollaba en el mismo lugar donde se degollaba el holocausto. El sacerdote rociaba la sangre alrededor del altar y quemaba sobre él la cola grasa, la grasa que cubría las entrañas, los dos riñones y la membrana que recubría el hígado. El texto declara dos veces que este sacrificio era «santísimo».
La carne restante no podía comerla cualquiera. Todos los varones de las familias sacerdotales la comían en un lugar santo, y pertenecía al sacerdote encargado de ofrecerla. En este aspecto, el sacrificio de reparación y el sacrificio por el pecado seguían la misma norma.
Las porciones reservadas para los sacerdotes no eran iguales en todos los sacrificios. El sacerdote que ofrecía un holocausto recibía la piel del animal. Las ofrendas vegetales preparadas en horno, cazuela o sartén correspondían al sacerdote que las presentaba. En cambio, las ofrendas vegetales mezcladas con aceite y las ofrendas secas se repartían por igual entre todos los descendientes de Aarón. Según el tipo de ofrenda, estaba establecido quién recibía cada porción.
El día para comer la carne del sacrificio de comunión dependía del motivo de la ofrenda
Con el sacrificio de comunión presentado en acción de gracias se ofrecían panes sin levadura, tortas mezcladas con aceite y obleas untadas con aceite. También se incluían panes con levadura. De cada clase de ofrenda se presentaba una pieza al Señor como contribución, y esa porción correspondía al sacerdote que rociaba la sangre del sacrificio de comunión.
La carne del sacrificio de comunión ofrecido en acción de gracias debía comerse por completo el mismo día. No podía dejarse nada hasta la mañana siguiente. La carne de un sacrificio de comunión presentado por un voto o como ofrenda voluntaria podía comerse también al día siguiente, pero lo que quedara hasta el tercer día debía quemarse.
Si alguien comía aquella carne al tercer día, el sacrificio no era aceptado. Aunque al principio hubiera sido una ofrenda presentada al Señor, comerla después del plazo establecido hacía que dejara de ser tratada como tal. Incluso tratándose de la misma carne de un sacrificio de comunión, el tiempo permitido variaba según se hubiera ofrecido en acción de gracias, por un voto o de manera voluntaria.
Ni siquiera la carne apta para comer podía consumirse si entraba en contacto con algo impuro
Si la carne del sacrificio de comunión tocaba alguna cosa impura, no debía comerse, sino quemarse. Solo las personas puras podían comer aquella carne. Si una persona ritualmente impura la comía, o si alguien que había tocado algo impuro participaba de ella, debía ser excluido de su pueblo.
También existían prohibiciones claras respecto a la grasa y la sangre. No se comía la grasa del ganado vacuno, de las ovejas ni de las cabras. Quien comiera la grasa de un animal presentado como ofrenda consumida por el fuego debía ser excluido de su pueblo. También se ordenó no consumir la sangre de aves ni de otros animales. La ofrenda se dividía entre las partes que podían comerse y las que debían quemarse sobre el altar, y las normas abarcaban incluso el estado de pureza de quien comía.
El pecho y el muslo derecho del sacrificio de comunión correspondían a los sacerdotes
Quien presentaba un sacrificio de comunión llevaba con sus propias manos la grasa y el pecho del animal. El sacerdote mecía el pecho delante del Señor como ofrenda mecida. La grasa se quemaba sobre el altar, mientras que el pecho correspondía a Aarón y a sus descendientes.
El muslo derecho se presentaba como contribución y se entregaba al sacerdote. En particular, el sacerdote que ofrecía la sangre y la grasa del sacrificio de comunión recibía ese muslo como porción propia. El pecho mecido y el muslo presentado quedaron establecidos como una porción permanente para Aarón y sus descendientes, generación tras generación. Así, el texto registra conjuntamente el servicio de los sacerdotes y la parte que debían recibir.
Levítico 7 concluye las normas relativas al holocausto, la ofrenda vegetal, el sacrificio por el pecado, el sacrificio de reparación, el sacrificio de consagración y el sacrificio de comunión. El énfasis repetido no recae únicamente en el acto de presentar una ofrenda. También debían distinguirse, conforme al mandato recibido, las partes destinadas al fuego y las destinadas al consumo, el día y las personas autorizadas para comerlas, y las porciones que correspondían a los sacerdotes.
Lee hoy de nuevo Levítico 7 y marca «lo que debía quemarse», «lo que podía comerse» y «lo que debía entregarse». Así podrás ver con claridad que el sacrificio no consistía en un único acto, sino en seguir las normas establecidas hasta disponer de la última porción de la ofrenda.
Artículos relacionados
Por qué Levítico 17 distinguía entre los sacrificios y la sangre
Levítico 17 ordena llevar los animales destinados al sacrificio a la entrada de la Tienda de reunión y prohíbe consumir sangre. Analizamos cómo estos mandatos distinguen el lugar del sacrificio y la sangre, portadora de la vida.
¿Por qué Aarón ofreció primero sacrificios por sí mismo en Levítico 9?
En Levítico 9, Aarón ofreció primero sacrificios por sí mismo y después presentó las ofrendas del pueblo. Repasamos cómo se realizaron según lo ordenado y cómo se manifestó la gloria del Señor.
Cómo aborda Levítico 6 el pecado y los sacrificios
Levítico 6 enseña que quien toma lo ajeno y lo niega debe restituirlo y presentar una ofrenda por la culpa. También establece normas precisas para mantener el fuego del altar y celebrar cada sacrificio.
Convierte este artículo en tu lectura bíblica de hoy
Lleva el plan McCheyne, la lectura en orden, notas y progreso en un solo lugar para saber siempre qué leer.
- Lecturas de hoy
- Checklist de lectura
- Notas y resaltados
