Cómo aborda Levítico 6 el pecado y los sacrificios
Levítico 6 enseña que quien toma lo ajeno y lo niega debe restituirlo y presentar una ofrenda por la culpa. También establece normas precisas para mantener el fuego del altar y celebrar cada sacrificio.

Levítico 6 ordena que, cuando un pecado sale a la luz, se devuelva lo ajeno y se presente una ofrenda por la culpa. Después, indica a los sacerdotes cómo tratar el holocausto, la ofrenda de cereal y la ofrenda por el pecado conforme a las normas establecidas. Este capítulo explica mediante acciones concretas cómo reparar el daño causado y preservar la santidad de los sacrificios.
El pecado de apropiarse de lo ajeno no se resolvía solo con devolverlo
Los versículos 1 al 7 mencionan varios pecados relacionados con los bienes ajenos. Una persona podía negar que se le hubiera confiado un objeto o entregado algo en garantía. También podía robar o apropiarse de algo por la fuerza y luego negarlo. Incluso podía encontrar un objeto perdido, ocultarlo y jurar en falso.
El pasaje no trata estas conductas como simples disputas entre personas. El versículo 2 afirma que quien actúa así peca contra el Señor al serle infiel. No solo se ha apropiado de lo ajeno, sino que además ha negado lo sucedido y ha jurado en falso.
El día en que se descubría el pecado, la persona debía devolver a su dueño lo robado, lo recibido en depósito o lo encontrado. Sin embargo, no bastaba con restituir el bien original: tenía que añadir una quinta parte de su valor. De este modo, el daño causado por la falta debía repararse de manera concreta.
Después debía llevar al sacerdote un carnero sin defecto como ofrenda por la culpa. Cuando el sacerdote hacía expiación por esa persona ante el Señor, su falta quedaba perdonada. La restitución y la ofrenda por la culpa no eran procedimientos intercambiables. El culpable debía compensar al dueño y también presentar ante el Señor la ofrenda correspondiente.
Los sacerdotes mantenían encendido el fuego del altar cada día
A partir del versículo 8 aparecen las normas sobre los sacrificios que debían cumplir Aarón y sus descendientes. El holocausto permanecía sobre el altar durante toda la noche, y el fuego no debía apagarse. El sacerdote se vestía con ropas de lino y depositaba las cenizas junto al altar. Para llevarlas a un lugar ceremonialmente puro fuera del campamento, se cambiaba de ropa.
La orden de conservar el fuego se repite varias veces. El versículo 9 indica que no debe apagarse. El versículo 12 manda mantenerlo siempre encendido y señala que el sacerdote debe añadir leña cada mañana. El versículo 13 vuelve a ordenar que el fuego arda continuamente sin apagarse.
El fuego del altar no permanecía encendido por sí solo. Cada mañana, el sacerdote tenía que añadir leña y colocar encima el holocausto y la grasa de los sacrificios de comunión. Cada mandato repetido iba acompañado de una tarea concreta que debía cumplirse a diario.
Cada ofrenda tenía una forma distinta de consumirse y tratarse
Una parte de la ofrenda de cereal se quemaba sobre el altar como porción conmemorativa. Aarón y sus descendientes comían el resto sin levadura en el atrio de la Tienda de reunión. Sin embargo, la ofrenda de cereal que presentaba un sacerdote el día de su unción debía dividirse entre la mañana y la tarde y quemarse por completo. Nadie podía comerla.
La víctima de la ofrenda por el pecado también debía tratarse como algo santísimo. El sacerdote comía su carne en un lugar santo, dentro del atrio de la Tienda de reunión. Si la sangre salpicaba una prenda, esta debía lavarse en un lugar santo. Si la carne se cocía en una vasija de barro, había que romperla; si se cocía en una vasija de bronce, esta debía frotarse y enjuagarse con agua. No obstante, cuando la sangre de la ofrenda por el pecado se llevaba al interior del santuario, su carne no se comía, sino que se quemaba.
Así, Levítico 6 no se limita a señalar que se ofrecían sacrificios. También distingue cuándo debía atenderse el fuego, cómo trasladar las cenizas, quién podía comer cada ofrenda y dónde, y qué ofrendas debían quemarse por completo. Los sacerdotes tenían que seguir sin omisiones las normas establecidas para cada una. Al volver a leer Levítico 6, observar tanto los mandatos repetidos como las distintas maneras de tratar cada ofrenda permite comprender con mayor claridad el desarrollo del capítulo.
Una acción concreta para hoy
Si tienes algo que devolver o algún daño que reparar, identifica hoy mismo con claridad a la persona afectada. En el pasaje, quien veía descubierto su pecado no se limitaba a reconocerlo de palabra: devolvía al dueño el bien original y añadía una quinta parte de su valor. La primera acción que propone Levítico 6 no consiste en ordenar los sentimientos, sino en restituir de forma concreta lo que corresponde.
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