La ofrenda de paz seguía el mismo orden aunque cambiara el animal
Levítico 3 repite el procedimiento para presentar ofrendas de paz de ganado vacuno, ovejas y cabras. Examinamos el orden que debía respetarse en todos los casos y las normas relativas a la grasa y la sangre.

En Levítico 3, las ofrendas de paz se presentaban siguiendo el mismo orden, aunque variara el animal ofrecido. Había algunos detalles diferentes para el ganado vacuno, las ovejas y las cabras, pero el procedimiento se repetía: llevar ante Jehová un animal sin defecto, poner la mano sobre su cabeza y degollarlo. Después, el sacerdote rociaba la sangre alrededor del altar y quemaba la grasa indicada.
El orden que debía seguirse al ofrecer ganado vacuno
Cuando se presentaba una res como ofrenda de paz, debía escogerse un macho o una hembra sin defecto y ofrecerse delante de Jehová. La persona que llevaba el animal ponía la mano sobre su cabeza y lo degollaba a la entrada de la tienda de reunión. Entonces los sacerdotes, hijos de Aarón, rociaban la sangre alrededor del altar.
También se especificaban con precisión las partes que debían quemarse. Se retiraba la grasa que cubría los intestinos y toda la grasa adherida a ellos. Asimismo, se tomaban los dos riñones con la grasa que los rodeaba y la membrana grasa que cubría el hígado. Los hijos de Aarón quemaban estas partes sobre el holocausto que estaba en el fuego del altar.
La ofrenda de paz avanzaba mediante las acciones de quien llevaba y degollaba el animal, y las del sacerdote, que rociaba la sangre y quemaba la grasa. No era un sacrificio cuyo orden pudiera modificarse según la voluntad de cada persona, sino que debía ofrecerse respetando las funciones y el procedimiento establecidos en el texto.
El mismo procedimiento se repetía con las ovejas y las cabras
Al ofrecer una oveja, también debía presentarse un macho o una hembra sin defecto. Se llevaba el cordero ante Jehová, se ponía la mano sobre su cabeza y se lo degollaba delante de la tienda de reunión. Los sacerdotes rociaban su sangre alrededor del altar. La grasa que rodeaba los intestinos, los dos riñones con su grasa y la membrana grasa que cubría el hígado se quemaban sobre el altar.
En el caso de la oveja, también se incluía entre las partes destinadas a la ofrenda presentada por fuego toda la grasa de la cola, cortada cerca del espinazo. El procedimiento general era el mismo que para el ganado vacuno, pero el texto especificaba con mayor detalle qué parte debía retirarse de la oveja.
Al ofrecer una cabra, también se la llevaba ante Jehová, se ponía la mano sobre su cabeza y se la degollaba delante de la tienda de reunión. Una vez más, la sangre se rociaba alrededor del altar. De igual modo, se retiraban y quemaban sobre el altar la grasa que cubría los intestinos o estaba adherida a ellos, los dos riñones con su grasa y la membrana grasa que cubría el hígado.
Aunque las instrucciones para el ganado vacuno, las ovejas y las cabras aparecen por separado, la misma estructura se repite tres veces, desde la presentación del animal hasta el tratamiento de la sangre y la grasa. Aun cuando cambiaba la especie ofrecida, nunca faltaban estos elementos: un animal sin defecto, la imposición de la mano y el sacrificio, el rociamiento de la sangre y la quema de la grasa indicada.
La grasa y la sangre fueron apartadas de manera especial
Después de describir el procedimiento para los tres animales, el texto declara que «toda la grasa pertenece a Jehová». Esta norma explica claramente por qué antes se ordenaba retirar una y otra vez la grasa situada alrededor de los intestinos, los riñones y el hígado para quemarla sobre el altar. No era una parte de la que pudiera disponer libremente quien presentaba el animal, sino que debía ofrecerse a Jehová como ofrenda presentada por fuego.
El último versículo ordena no comer grasa ni sangre. Este mandato no se limita a una sola clase de animal. Fue dado como un estatuto perpetuo que debía cumplirse de generación en generación, dondequiera que viviera el pueblo. La repetición del rociamiento de la sangre alrededor del altar y de la quema de la grasa en las tres clases de sacrificios se relaciona directamente con esta prohibición final. La sangre y la grasa no debían utilizarse como alimento, sino tratarse de la manera establecida.
Una acción concreta que puedes realizar hoy es volver a leer Levítico 3 y señalar los pasos que se repiten con el ganado vacuno, las ovejas y las cabras. Si buscas en orden las expresiones «animal sin defecto», «poner la mano sobre su cabeza», «degollarlo delante de la tienda de reunión», «rociar la sangre alrededor del altar» y «quemar la grasa», podrás reconocer con claridad el desarrollo central de la ofrenda de paz.
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