¿Qué procedimiento establecía Levítico 12 después del parto?
Levítico 12 establece, paso a paso, el período de purificación de la mujer después del parto, las restricciones durante ese tiempo, las ofrendas que debía presentar al finalizar y las alternativas disponibles si no tenía suficientes recursos.

Levítico 12 establece el procedimiento para la purificación de una mujer después del parto siguiendo este orden: período, restricciones, ofrendas y resultado. Aunque los plazos eran distintos según hubiera dado a luz a un niño o a una niña, el proceso era el mismo: una vez cumplido el tiempo señalado, la mujer llevaba las ofrendas, el sacerdote las presentaba ante el Señor y ella quedaba purificada. Esto puede comprobarse en Levítico 12:1-8.
Después del parto había un período establecido
Cuando una mujer daba a luz a un niño, quedaba impura durante siete días. El texto explica que durante ese tiempo era impura como en los días de su menstruación. Al octavo día se circuncidaba al niño. Sin embargo, el período de purificación de la mujer no terminaba ese día.
Después debía esperar treinta y tres días más para purificarse de su flujo de sangre. Por tanto, tras el nacimiento de un niño aparecen sucesivamente dos períodos: siete días y treinta y tres días. Es importante distinguir entre lo que debía hacerse con el niño y el tiempo que la mujer debía esperar, pues el texto los presenta por separado.
Cuando nacía una niña, la mujer quedaba impura primero durante catorce días. Después necesitaba otros sesenta y seis días para purificarse de su flujo de sangre. El texto establece períodos diferentes para el nacimiento de un niño y el de una niña, pero no explica el motivo de esa diferencia. Por eso, lo más preciso es atenerse a los plazos y al procedimiento registrados, sin añadir razones que el pasaje no ofrece.
Antes de cumplirse el plazo había restricciones
Hasta que transcurrieran los treinta y tres días y se cumpliera el plazo de su purificación, la mujer que había dado a luz a un niño no podía tocar ninguna cosa santa ni entrar en el santuario. En el caso del nacimiento de una niña, también debían pasar sesenta y seis días para que quedara purificada de su flujo de sangre.
La purificación no dependía del momento en que la mujer sintiera que su cuerpo ya se había recuperado. El texto asignaba un período concreto al estado posterior al parto y establecía durante ese tiempo límites claros respecto a las cosas santas y al santuario. La mujer debía esperar hasta que se cumpliera el plazo antes de continuar con el siguiente paso.
Al cumplirse el plazo se presentaban las ofrendas
Una vez cumplido el período de purificación, la mujer llevaba sus ofrendas al sacerdote, a la entrada del tabernáculo de reunión. Debía llevar un cordero de un año como holocausto y un palomino o una tórtola como ofrenda por el pecado. El sacerdote presentaba las ofrendas ante el Señor y hacía expiación por ella. El texto expresa el resultado con estas palabras: «quedará limpia del flujo de su sangre».
Este orden muestra que el procedimiento no concluía simplemente cuando terminaba el período de espera. Después de cumplirse el plazo, la mujer llevaba las ofrendas, el sacerdote las presentaba ante el Señor y entonces ella quedaba purificada. El período y los sacrificios no eran opciones intercambiables, sino etapas sucesivas de un mismo procedimiento.
El texto no afirma que el parto en sí fuera un pecado de la mujer. Describe su estado en términos del flujo de sangre y del período de purificación, y establece que, una vez cumplido ese plazo, debía presentar un holocausto y una ofrenda por el pecado. No debemos ir más allá del lenguaje y del orden del pasaje para concluir que dar a luz fuera en sí mismo un pecado.
Incluso quienes tenían pocos recursos podían completar el procedimiento
Si la mujer no tenía recursos suficientes para ofrecer un cordero, podía llevar dos tórtolas o dos palominos. Uno se destinaba al holocausto y el otro a la ofrenda por el pecado. Aunque cambiaba el tipo de ofrenda, el resultado seguía siendo el mismo: el sacerdote hacía expiación por ella y la mujer quedaba purificada.
Esta disposición permitía que también las mujeres que no podían conseguir un cordero completaran el procedimiento de purificación. El desarrollo de Levítico 12 conduce desde la observancia del período establecido después del parto, pasando por el respeto de los límites relacionados con las cosas santas y el santuario, hasta la presentación de una ofrenda acorde con los recursos de la mujer y su posterior purificación.
Vuelve a leer hoy Levítico 12 y anota junto a estas cuatro palabras los versículos correspondientes: «período, restricciones, ofrendas y resultado». Si conservas tal como aparece la diferencia entre los plazos establecidos para el niño y la niña, sin añadir explicaciones que el texto no ofrece, podrás comprender con mayor precisión el orden de este capítulo.
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