Éxodo 39 muestra una obra terminada tal como Dios había mandado
Éxodo 39 relata cómo se confeccionaron las vestiduras sacerdotales y los utensilios del tabernáculo conforme a lo ordenado, y cómo Moisés examinó toda la obra terminada antes de bendecir al pueblo.

El tema central de Éxodo 39 es que los israelitas terminaron el tabernáculo y las vestiduras sacerdotales tal como Jehová se lo había mandado a Moisés. El pasaje no se limita a describir la belleza de los materiales y la delicadeza del trabajo, sino que confirma una y otra vez que tanto el proceso como el resultado final se ajustaron a las instrucciones recibidas. Al final, Moisés examinó toda la obra y, al comprobar que se había realizado conforme al mandato, bendijo al pueblo.
Las vestiduras sacerdotales se confeccionaron siguiendo cada indicación
Los israelitas hicieron las vestiduras finamente elaboradas para el servicio en el santuario, así como las vestiduras sagradas de Aarón. Para el efod utilizaron hilos de oro, azul, púrpura y carmesí, además de lino fino torcido. Batieron el oro hasta convertirlo en láminas delgadas, las cortaron en hilos y las entretejieron con los demás materiales. También hicieron las hombreras y el cinto a juego con el efod.
En las dos piedras de ónice grabaron los nombres de los hijos de Israel. Estas piedras se colocaron sobre las hombreras del efod como memorial de los israelitas. En el pectoral engastaron doce piedras preciosas distribuidas en cuatro hileras, cada una grabada con el nombre de una de las doce tribus.
También siguieron minuciosamente las instrucciones para sujetar el pectoral al efod. Hicieron anillos y cadenas de oro, y unieron los anillos con un cordón azul. De este modo, el pectoral quedó asegurado sobre el cinto del efod y no podía separarse de él. Tras describir este trabajo, el pasaje declara: «como Jehová había mandado a Moisés».
La misma confirmación se repite en las demás vestiduras
El manto que se llevaba debajo del efod fue tejido completamente en azul. La abertura del cuello se reforzó como el cuello de una cota de malla para evitar que se rasgara. En el borde del manto colocaron granadas bordadas y campanillas de oro puro, alternándolas unas con otras. También después de este trabajo se confirma que todo se hizo conforme a lo mandado.
Asimismo, confeccionaron las túnicas, los turbantes, las mitras, los calzoncillos y los cinturones para Aarón y sus hijos. En una lámina de oro puro grabaron las palabras «Santidad a Jehová» y la sujetaron con un cordón azul en la parte delantera del turbante. El pasaje no considera terminadas las vestiduras únicamente porque los materiales fueran valiosos o su apariencia resultara hermosa. Confirma que cada pieza se realizó según lo ordenado cuando sus materiales, su forma y la manera de unirla se ajustaron a las instrucciones recibidas.
Esta repetición muestra que las vestiduras destinadas al servicio en el tabernáculo no se hicieron según el criterio personal de los artesanos. Desde los hilos del efod hasta los anillos del pectoral, las campanillas del manto y la lámina del turbante, el mandato recibido fue la norma que guio todo el trabajo.
La obra no quedó concluida hasta que todo fue presentado para su revisión
En el versículo 32, los israelitas concluyeron toda la obra del tabernáculo, es decir, de la tienda de reunión. Sin embargo, el relato no termina simplemente diciendo que la construcción estaba acabada. El pueblo llevó ante Moisés el tabernáculo y todos sus utensilios. Presentaron cada elemento sin excepción: las cortinas y las tablas, el arca del testimonio, la mesa, el candelabro, los altares, la fuente, las cortinas del atrio y las vestiduras sacerdotales.
El versículo 42 vuelve a resumir que los israelitas realizaron toda la obra tal como Jehová se lo había mandado a Moisés. A continuación, Moisés examinó todo lo que habían terminado. Cuando comprobó que se había hecho conforme al mandato, los bendijo.
Por tanto, en Éxodo 39 terminar una obra significa mucho más que fabricar los objetos y dejarlos listos. Implica elaborar cada detalle siguiendo las instrucciones recibidas, presentar todos los resultados y someterlos a revisión para comprobar que coincidan con el criterio establecido desde el principio. La repetición de «como Jehová había mandado» y la inspección final dejan claro que la terminación del tabernáculo no se evaluó según la satisfacción humana, sino por su conformidad con el mandato recibido.
Una acción concreta para hoy es comparar, punto por punto, el resultado de una tarea que consideramos terminada con las indicaciones que recibimos al comienzo. Al volver a leer Éxodo 39, también podemos señalar cada aparición de «como Jehová había mandado» y prestar atención a la revisión final de Moisés.
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