Preparación que se revela ante un tiempo que parece tardío: La exhortación de Jesús a estar despiertos
La palabra de Jesús de 'estad despiertos' no es una invitación a calcular la fecha del fin del mundo, sino un llamado a vivir con santidad y fidelidad hoy. Exploramos el significado de la fe y la preparación que se evidencian en la espera prolongada.

Preparación que se revela ante un tiempo que parece tardío: La exhortación de Jesús a estar despiertos
La promesa de la segunda venida de Jesús es la esperanza que la iglesia ha sostenido durante siglos. Sin embargo, nuestro problema radica en ese mismo tiempo de 'larga espera'. Al principio, la espera incrementa el fervor de la fe, pero con el paso del tiempo, el corazón puede volverse insensible fácilmente. Cuando todo parece igual que ayer y hoy, y mañana no promete cambios particulares, es fácil aceptar las palabras del Señor con los labios, pero posponer nuestras acciones en la vida. Por eso, Jesús no solo habla de las señales del fin, sino que también enseña repetidamente sobre la actitud de sus discípulos en ese tiempo. En el centro de su exhortación está el llamado a 'mantenerse despiertos'.
Uno de los pasajes que ilustran mejor este tema es Mateo 24:42-44. Jesús dice: “Por tanto, velad, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor” (Mateo 24:42). Luego, usa la comparación del amo que, sabiendo cuándo llegará el ladrón, habría estado despierto para evitar que la casa fuera saqueada, y añade: “Por eso también vosotros estad preparados, porque a la hora en que no pensáis, el Hijo del Hombre vendrá” (Mateo 24:44). La clave aquí no es calcular la fecha, sino orientar nuestra vida. Jesús no reveló un calendario oculto a sus discípulos, sino que les advirtió que no saben cuándo será ese día, por lo que no deben vivir a la deriva.
Este mensaje era igualmente una advertencia práctica para los discípulos de entonces. Ellos esperaban al Mesías y anhelaban el Reino de Dios. Sin embargo, Jesús quería evitar que esa esperanza terminara en una mera emoción vaga o en un interés superficial por el fin del mundo. Aunque el templo de Jerusalén permaneciera intacto y la vida cotidiana continuara, y el mundo pareciera mantenerse sin cambios, los discípulos no debían bajar la guardia. La primera iglesia también vivió en esa tensión. Incluso en tiempos donde el orden del Imperio Romano parecía firme, los cristianos sostenían la verdad de que el fin de la historia está en manos de Dios. Cuanto más eterna parecía la nación o el imperio, más claramente los creyentes debían recordar: La que decidirá el fin no es el emperador, sino Cristo.
La Biblia no enseña que estar despiertos signifique simplemente dormir menos o estar en un estado constante de alerta. 1 Pedro 5:8 dice: “Sed sobrios, velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.” Estar despiertos está estrechamente ligado a nuestra actitud de discernimiento y vigilancia mental. Además, Romanos 13:11 nos recuerda: “Y esto entendéis, que ya es hora de levantarnos del sueño; porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando creímos.” Por tanto, estar despiertos no es para vivir en miedo apocalíptico, sino que refleja la postura que todo creyente debe tener en el presente. La justificación por gracia no puede dar lugar a una indiferencia espiritual. La doctrina de la justificación solo significa un nuevo comienzo, no una licencia para la libertad en la vida cristiana.
A menudo, exageramos la idea de estar preparados. Pensamos que solo con misiones especiales, devociones impactantes o decisiones memorables estamos despiertos. Sin embargo, la enseñanza de Jesús revela que la verdadera condición se revela en la rutina diaria. Cuanto más retrasada parezca la promesa, más claramente mostramos nuestro corazón. Puede que uno hable de fe con palabras, pero esté profundamente arraigado en las cosas del mundo; y, en cambio, hay quienes, en silencio, viven con fidelidad ante Dios. Leer la Biblia cada día, revisar nuestra dirección frente a Dios, confesar pequeños pecados y volverse honesto en lo oculto, esforzarse por no devolver el mal con mal en medio de injusticias: estas son algunas formas de aprender a vivir en preparación.
Una forma sencilla de entenderlo es pensar en quienes se preparan de urgencia para exámenes importantes o entrevistas, durmiendo pocas horas por días consecutivos. Aunque puedan lograr resultados por esa vía, esas habilidades no se desarrollan de la noche a la mañana. Lo mismo sucede con la fe. Solo en los momentos difíciles, si solo intentamos reforzarla en crisis, será demasiado fácil tambalear. La verdadera fortaleza se construye cultivando la Palabra de Dios en la vida cotidiana, respetando los cultos, reconociendo el pecado: estos hábitos fundacionales mantienen la estabilidad aún en las crisis. La preparación no reside en momentos dramáticos, sino en las rutinas de todos los días. Por eso, hábitos como leer la Biblia no son solo acumular conocimientos, sino prácticas concretas que nos forman en una vida despierta ante Dios.
El llamado en Mateo 24 también nos invita a examinar cómo usamos nuestro tiempo. Debemos preguntarnos si, por estar ocupados, estamos relegando nuestro estado espiritual; si, aunque nos preocupamos en exceso, cada vez le dedicamos menos tiempo a la Palabra; si, siendo sensibles a las noticias del mundo, estamos insensibles a las promesas de Dios. La vigilancia consiste en resistir ese impulso natural. No es que no debamos desconocer cuándo vendrá Cristo, sino que, por no saberlo, debemos vivir con mayor claridad y propósito hoy. La práctica de acercarse diariamente a la Palabra, como en el anuncio de hoy, nos ayuda a poner la mirada en Cristo otra vez.
Un punto importante que debemos entender es que el llamado a prepararnos no implica que nuestra salvación dependa de nuestras obras. La Biblia afirma claramente que la justicia proviene solo por la fe en Jesucristo, y no por las obras de la ley (Gálatas 2:16). La salvación se basa en la cruz y la resurrección de Cristo. No podemos presentarnos ante Dios con nuestro propio esfuerzo o religiosa dedicación; solo la justicia de Cristo nos justifica. Sin embargo, una persona que verdaderamente cree en este evangelio no puede vivir desconsiderada ante la venida de Jesús. La vida de quien ha sido salvado necesariamente produce frutos. Estar despierto no es pagar un precio para salvarse, sino que es la respuesta natural de un que ya ha sido salvado.
Por eso, lo que realmente necesitamos hoy no es ansiedad sin rumbo, sino una restauración en la dirección. Si nuestro corazón se ha desviado, podemos volver a la Palabra. Si estamos cansados por la espera, recordemos que el tiempo de Dios no es lento. 2 Pedro 3:9 dice: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza”, y continúa explicando que la razón de su paciencia es que no desea que nadie sea destruido, sino que todos lleguen a arrepentirse. La paciencia de Dios no significa ausencia de juicio, sino un tiempo de gracia. Así que, incluso ahora, este momento no es un espacio vacío, sino un lugar donde aprender y crecer en fe y obediencia.
Finalmente, estar despiertos no se trata de adivinar el futuro, sino de ser fieles en el presente. Debemos ser honestos en cumplir lo que debemos hacer, mantener viva la honestidad y el amor en nuestras relaciones, y ser conscientes de Dios en lo que no vemos. Esa es la verdadera preparación. Cuando la espera se prolonga, la fe no se oscurece, sino que puede iluminare más claramente. El Señor no nos llama a vivir con ansiedad, sino a confiar en sus promesas y a no despilfarrar el día. Si nuestro ritmo espiritual está desordenado, podemos empezar con pequeños gestos, como el hábito de leer la Biblia 7 veces. La espera prolongada no es tiempo perdido; revela en qué estamos realmente aferrados. Cuanto más parezca retrasado, más firmemente debemos agarrarnos a la fe, vivir con fidelidad en el día a día, y recordar que, en medio de la aparente demora, nuestro Señor vuelve con certeza.
No es más importante una decisión heroica que llame la atención que la fidelidad cotidiana ante Dios. La verdadera preparación consiste en vivir con reverencia a Dios en cada día, manteniendo la sinceridad, el amor y la integridad en las relaciones. Así, quien vive de esa manera—día a día—ya está en sintonía con la realidad de que la venida del Señor está cada vez más cerca, incluso en medio de un tiempo que parece tardío.
Artículos relacionados
Marcos 2: la fe y el amor que abrieron el techo
En el relato de la sanidad del paralítico en Marcos 2, meditamos en el núcleo del evangelio: Jesús es el Hijo de Dios que perdona pecados, y la verdadera fe se manifiesta en el esfuerzo amoroso y el acompañamiento concreto.
Reflexión sobre la Parábola de los Talentos: La Responsabilidad y la Fidelidad en el Tiempo Que Nos Ha Confiado
Siguiendo la parábola de los talentos en Mateo 25, meditamos no en comparación, sino en fidelidad y conciencia de mayordomo. Con calma, exploramos cómo la fe en el Señor fortalece nuestro tiempo, responsabilidad y obediencia en el presente.
Convierte este artículo en tu lectura bíblica de hoy
Lleva el plan McCheyne, la lectura en orden, notas y progreso en un solo lugar para saber siempre qué leer.
- Lecturas de hoy
- Checklist de lectura
- Notas y resaltados
