Las vestiduras sacerdotales de Aarón representaban la responsabilidad del servicio
Éxodo 28 no se limita a embellecer las vestiduras de Aarón, sino que le encomienda ejercer el sacerdocio llevando sobre sí los nombres de Israel y la señal de la santidad.

Las vestiduras sacerdotales de Éxodo 28 no tenían como único propósito adornar a Aarón. Servían para consagrar a Aarón y a sus hijos al servicio de Dios y hacerles llevar sobre sí la responsabilidad propia de su ministerio. El capítulo describe detalladamente no solo los materiales y la forma de las vestiduras, sino también los nombres que debían grabarse, el lugar del cuerpo donde debía colocarse cada pieza, cuándo tenían que usarlas y qué consecuencias tendría hacerlo.
Aarón y sus hijos recibieron el sacerdocio vestidos con estas prendas
Dios ordenó a Moisés que hiciera acercarse a Aarón y a sus hijos Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar. El propósito era que ejercieran el sacerdocio. Después le mandó confeccionar para Aarón vestiduras sagradas que le dieran dignidad y esplendor.
Estas vestiduras estaban compuestas por el pectoral, el efod, el manto, la túnica bordada, el turbante y el cinturón. Los artesanos capacitados las confeccionaron con hilos de oro, azul, púrpura y escarlata, y con lino fino torcido. La habilidad de quienes las elaboraron, los materiales escogidos y el método establecido para confeccionarlas formaban parte de la preparación para el ministerio sacerdotal.
El versículo 41 vuelve a expresar con claridad la relación entre las vestiduras y el sacerdocio. Moisés debía vestir con ellas a Aarón y a sus hijos, ungirlos, consagrarlos y santificarlos. Solo entonces podrían servir a Dios como sacerdotes. Las extensas instrucciones sobre su confección no terminaban con la creación de objetos hermosos. Su finalidad era preparar a los sacerdotes de la manera establecida para que sirvieran en el lugar santo.
Aarón llevaba los nombres de Israel sobre los hombros y el pecho
En las dos hombreras del efod se colocaron dos piedras de ónice. En una se grabaron los nombres de seis hijos de Israel y, en la otra, los seis restantes. Aarón debía llevar los doce nombres sobre sus hombros delante del Señor como recordatorio.
En el pectoral del juicio también se engastaron doce piedras, distribuidas en cuatro hileras. Cada piedra llevaba grabado el nombre de una de las doce tribus. El pectoral quedó firmemente sujeto al efod mediante cadenas y anillos de oro y cordones azules, para que no se separara de él. Cuando Aarón entrara en el santuario, debía llevar sobre el pecho el pectoral con los nombres de los hijos de Israel. También debía colocar dentro de él el Urim y el Tumim, llevando así continuamente sobre su corazón el juicio de los israelitas.
Los nombres sobre los hombros y los nombres sobre el pecho señalaban una y otra vez al mismo pueblo. Aarón no entraba en el santuario vestido como quien solo se representa a sí mismo. Se presentaba ante el Señor llevando consigo los nombres de las doce tribus de Israel y el juicio que les correspondía.
Los detalles de las vestiduras establecían los límites que debían respetarse en el lugar santo
En el borde del manto azul se colocaron granadas y campanillas de oro de manera alternada. El sonido de las campanillas debía oírse cuando Aarón entrara en el santuario y cuando saliera de él, para que no muriera. En la lámina de oro puro situada en la parte delantera del turbante se grabaron las palabras «Santidad al Señor». Aarón debía llevarla siempre sobre la frente para cargar con la culpa relacionada con las ofrendas sagradas que presentaran los israelitas.
Aarón y sus hijos también debían usar ropa interior de lino para cubrir su desnudez. Cuando entraran en la Tienda de reunión o se acercaran al altar para servir, tenían que vestir las prendas prescritas, a fin de no incurrir en culpa y morir. El pasaje no presenta estas vestiduras como adornos opcionales. Quienes se acercaban al lugar santo debían hacerlo conforme a las prendas y al procedimiento establecidos.
Hoy, al volver a leer Éxodo 28, anota junto a cada pieza de las vestiduras la función que cumplía. En las piedras del efod estaban los doce nombres; en el pectoral, los nombres y el juicio; y en la lámina de oro, la inscripción «Santidad al Señor». Al seguir estos tres elementos, podrás reconocer la idea central del pasaje: las vestiduras sacerdotales no solo expresaban belleza, sino también la responsabilidad por los nombres del pueblo, su juicio y la santidad.
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