Cómo trataban el pecado los dos machos cabríos de Levítico 16
En el Día de la Expiación de Levítico 16 aparecen un macho cabrío cuya sangre era rociada y otro que cargaba con los pecados y era enviado al desierto. Seguimos el ritual de ambos para comprender el mensaje central de aquel día.

Los dos machos cabríos de Levítico 16 formaban parte del ritual mediante el cual se expiaban los pecados de Israel y se retiraban del campamento. Uno era ofrecido como sacrificio por el pecado, mientras que el otro cargaba con todos los pecados del pueblo y era enviado al desierto. Veamos el desarrollo de Levítico 16 a partir de estos dos procedimientos.
Aarón entraba en el santuario siguiendo el procedimiento establecido
Levítico 16 comienza con las palabras que Dios pronunció después de la muerte de los dos hijos de Aarón, quienes murieron al presentarse ante el Señor. Dios ordenó a Aarón que no entrara en cualquier momento detrás del velo, ante el propiciatorio que estaba sobre el arca. Si entraba allí sin respetar lo establecido, podía morir.
Para entrar en el santuario, Aarón debía preparar primero un novillo como sacrificio por el pecado y un carnero como holocausto. Antes de ponerse las vestiduras sagradas de lino, tenía que lavarse el cuerpo con agua. También debía llevar un incensario con brasas tomadas del altar que estaba ante el Señor y dos puñados de incienso aromático finamente molido. Detrás del velo debía quemar el incienso para que la nube cubriera el propiciatorio y así no muriera.
Estas instrucciones dejan claro que Aarón no podía entrar en el Lugar Santísimo cuando quisiera ni hacerlo a su manera. Todo estaba establecido: el momento de entrar, las vestiduras, el lavamiento, los sacrificios, el incienso y el orden en que debía utilizarse la sangre.
Aarón hacía primero expiación por sí mismo y por su familia
Antes de comenzar el ritual por el pueblo, Aarón ofrecía el novillo por sus propios pecados. El pasaje señala dos veces que hacía expiación por sí mismo y por su familia. Rociaba la sangre del novillo sobre el lado oriental del propiciatorio y, delante de este, la rociaba siete veces.
Solo después sacrificaba el macho cabrío destinado a la ofrenda por el pecado del pueblo. Aarón llevaba su sangre detrás del velo y la rociaba sobre el propiciatorio y delante de él, como había hecho con la sangre del novillo. Puesto que el sacerdote también necesitaba expiación, debía cumplir primero el rito correspondiente a sí mismo y a su familia.
La expiación no se limitaba a las personas. Debido a las impurezas y a todos los pecados de los israelitas, también era necesario hacer expiación por el Lugar Santísimo y la Tienda de reunión. Aarón untaba los cuernos del altar con la sangre del novillo y del macho cabrío, y luego rociaba sangre sobre el altar siete veces para purificarlo y consagrarlo. Así se repetía el proceso de purificación del Lugar Santísimo, la Tienda de reunión y el altar, situados en medio del pueblo.
Los dos machos cabríos seguían procedimientos diferentes
Los dos machos cabríos recibidos de la comunidad eran presentados primero ante el Señor, a la entrada de la Tienda de reunión. Después se echaban suertes: uno quedaba destinado al Señor como sacrificio por el pecado y el otro, a Azazel.
El macho cabrío escogido para el Señor era sacrificado. Su sangre se llevaba detrás del velo y se rociaba sobre el propiciatorio y delante de él. Con ella se hacía expiación por el Lugar Santísimo a causa de las impurezas del pueblo y de todos los pecados que había cometido.
El otro macho cabrío permanecía vivo. Una vez concluida la expiación por el Lugar Santísimo, la Tienda de reunión y el altar, Aarón ponía ambas manos sobre la cabeza del animal. Confesaba todas las maldades y todos los pecados de los israelitas, y los depositaba sobre la cabeza del macho cabrío. Entonces, un hombre previamente designado lo conducía al desierto, donde el animal llevaba todas las culpas del pueblo hasta una tierra deshabitada.
La sangre de uno de los machos cabríos se utilizaba dentro del santuario para hacer expiación. El macho cabrío vivo cargaba con los pecados confesados y salía del campamento donde habitaba el pueblo. El pecado no se mencionaba simplemente de palabra para dar el asunto por terminado. Tanto el rociamiento de la sangre como el envío del animal cargado con los pecados se llevaban a cabo realmente y en el orden establecido.
En el Día de la Expiación todo el pueblo dejaba de trabajar
Este rito debía celebrarse el décimo día del séptimo mes. Tanto los israelitas de nacimiento como los extranjeros que vivían entre ellos debían humillarse y abstenerse de todo trabajo. Aquel día era un sábado de completo reposo.
El sacerdote hacía expiación por el Lugar Santísimo, la Tienda de reunión, el altar, los demás sacerdotes y toda la comunidad. Este rito por todos los pecados de los israelitas se celebraba una vez al año. Aarón hizo todo tal como el Señor se lo había ordenado a Moisés.
Hoy, mientras lees Levítico 16 completo, marca todo aquello que recibe la expiación. Aparecen sucesivamente Aarón y su familia, el pueblo, el Lugar Santísimo, la Tienda de reunión y el altar. Al seguir esta repetición, se puede ver con claridad que el Día de la Expiación no era una ceremonia dedicada únicamente al pecado de una persona, sino una jornada en la que se purificaban el sacerdote, la comunidad y los lugares sagrados afectados por el pecado y la impureza.
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