Por qué Deuteronomio 6 nos llama a grabar la Palabra en la vida cotidiana
Deuteronomio 6 manda guardar la Palabra en el corazón y enseñarla a los hijos en la vida diaria. Analizamos el sentido de este mandato y cómo vivir sin olvidar a Dios en medio de la abundancia.
Deuteronomio 6 enseña que la Palabra de Dios debe permanecer en el corazón y repetirse constantemente en la vida diaria. Así, aun cuando Israel habitara una tierra próspera, no olvidaría al Dios que lo sacó de Egipto y podría obedecer sus mandamientos. Esta idea aparece con claridad en Deuteronomio 6:4-12 y 20-25.
La Palabra no solo se escucha: pasa a formar parte de la vida
Moisés comienza diciendo: «Escucha, Israel». Lo primero que el pueblo debía oír era que el Señor es el único Dios y que debía amarlo con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas.
A continuación, explica de manera concreta cómo conservar esas palabras. Los israelitas debían grabarlas en su corazón, y los padres tenían que enseñárselas con diligencia a sus hijos. Debían hablar de ellas al estar en casa y al andar por el camino, al acostarse y al levantarse.
La enseñanza de la Palabra no quedaba limitada a un momento especial. Las actividades que se repetían cada día —en casa o de camino, por la mañana o por la noche— se convertían en oportunidades para hablar de ella. La orden de atarla como una señal en la mano y llevarla como una marca entre los ojos, así como escribirla en los postes y las puertas de las casas, expresa la misma idea. Israel debía impedir que la Palabra cayera en el olvido y volver a encontrarse con ella dondequiera que estuviera.
La abundancia también puede llevarnos a olvidar a Dios
En la tierra a la que Israel iba a entrar había ciudades que el pueblo no había construido. También había casas que no había llenado y pozos que no había cavado. Llegaría el día en que comería hasta saciarse del fruto de viñedos y olivares que no había plantado.
Precisamente entonces, Moisés le ordena que tenga cuidado de no olvidar al Señor. No le dice que recuerde a Dios únicamente en tiempos de necesidad. Cuando disfrutara de ciudades, casas, pozos y campos que ya estaban preparados, no debía olvidar al Dios que lo había sacado de la esclavitud en Egipto.
El pasaje coloca uno junto al otro el mandato de integrar la Palabra en la vida cotidiana y la advertencia de no olvidar a Dios en medio de la prosperidad. Hablar de la Palabra cada día y mantenerla en lugares visibles ayudaba a recordar la obra de salvación incluso cuando el pueblo comiera hasta quedar satisfecho. Quienes recordaban a Dios no debían seguir a otros dioses, sino cumplir cuidadosamente los mandatos del Señor y hacer lo recto y bueno ante sus ojos.
Las preguntas de los hijos se responden contando la obra de salvación
Moisés anticipa el momento en que un hijo preguntará qué significan los mandatos y las normas. La respuesta de los padres no debía consistir en una lista de reglas, sino comenzar con este hecho: «Éramos esclavos del faraón en Egipto».
Después debían contar cómo el Señor sacó a Israel de Egipto con mano poderosa. Dios realizó señales y prodigios y condujo a su pueblo fuera de aquel lugar para darle la tierra que había prometido bajo juramento a sus antepasados. Solo entonces aparece el mandato de cumplir todas sus normas.
Por eso, al explicar a los hijos el sentido de los mandamientos, no se separa «lo que debemos obedecer» de «lo que Dios ha hecho». Primero se recuerda que Dios sacó al pueblo de Egipto; después se enseña a temerlo y a vivir conforme a sus mandatos. La obediencia de Israel era la respuesta de un pueblo que vivía ante el Dios que lo había liberado de la esclavitud.
Hoy podemos hablar de la Palabra y explicar también su razón
Hoy puedes leer Deuteronomio 6:4-9 en Lectura de la Biblia y, al estar en casa, compartir su contenido con alguien de tu familia. No te limites a transmitir el mandato: añade que Deuteronomio 6 lo explica a la luz de la liberación de Egipto.
En Deuteronomio 6, grabar la Palabra no consiste simplemente en memorizar unas frases. Significa repetirla por la mañana y por la noche, en casa y por el camino; no olvidar en medio de la abundancia lo que Dios ha hecho; y responder a las preguntas de la siguiente generación hablándole tanto de la obra de salvación como de sus mandamientos.
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