¿Qué nos muestra repetidamente el holocausto en Levítico 1?
Levítico 1 describe sucesivamente el procedimiento para ofrecer holocaustos de ganado vacuno, ovejas o cabras y aves. Siguiendo la repetición con la que distintas ofrendas llegan al mismo desenlace, examinamos el sentido central del holocausto.

El mensaje central de Levítico 1 es que, aunque los animales ofrecidos en holocausto fueran diferentes, todos debían presentarse ante el Señor siguiendo el procedimiento establecido y quemarse sobre el altar. La preparación del ganado vacuno, de las ovejas o cabras y de las aves variaba en algunos aspectos, pero todos se convertían en una ofrenda encendida de aroma grato al Señor. Esta repetición recorre todo el capítulo.
El Señor determinó la ofrenda y el lugar donde debía presentarse
Levítico 1 comienza con el Señor llamando a Moisés desde la tienda de reunión. Allí le indicó que, cuando alguien de entre los israelitas quisiera presentar una ofrenda, debía escogerla de entre el ganado vacuno o el rebaño.
El animal ofrecido como holocausto debía ser un macho sin defecto. Quien lo presentara debía llevarlo a la entrada de la tienda de reunión para que fuera aceptado delante del Señor. El texto señala que, al poner la mano sobre la cabeza del animal, este sería aceptado en su favor para hacer expiación por él.
El pasaje no se limita a hablar del deseo de presentar un holocausto. También explica paso a paso qué debía ofrecerse, dónde y de qué manera. El holocausto no era una ofrenda que cada persona pudiera preparar a su gusto. Las instrucciones que el Señor dio a Moisés establecían las normas concretas del sacrificio.
Las responsabilidades del oferente y del sacerdote eran diferentes
Quien ofrecía un animal vacuno sacrificaba el becerro delante del Señor. Después le quitaba la piel, lo cortaba en trozos y lavaba con agua las entrañas y las patas. Los sacerdotes, descendientes de Aarón, recogían la sangre y la rociaban alrededor del altar situado a la entrada de la tienda de reunión. También preparaban el fuego y la leña sobre el altar, y colocaban encima los trozos, la cabeza y la grasa. Finalmente, el sacerdote lo quemaba todo sobre el altar.
En el holocausto de una oveja o una cabra se repetía un procedimiento parecido. Se presentaba un macho sin defecto, se sacrificaba al lado norte del altar y los sacerdotes rociaban la sangre alrededor de este. El animal se cortaba en trozos, que se colocaban sobre la leña junto con la cabeza y la grasa, mientras que las entrañas y las patas se lavaban con agua. Después, el sacerdote lo llevaba todo al altar y lo quemaba.
Esta repetición muestra que quien llevaba la ofrenda y el sacerdote desempeñaban tareas distintas. El procedimiento no terminaba con la entrega del animal. Continuaba cuando el sacerdote rociaba la sangre, colocaba la ofrenda sobre el fuego y la leña, y finalmente la quemaba.
El holocausto de aves llegaba al mismo desenlace
Cuando el holocausto consistía en un ave, la ofrenda debía ser una tórtola o un pichón. El sacerdote llevaba el ave al altar, le retorcía la cabeza para separarla y la quemaba sobre el altar. Dejaba que la sangre corriera por un costado del altar y retiraba el buche y la suciedad, arrojándolos al lugar de las cenizas, al lado oriental del altar. Después abría el ave por las alas, pero sin dividirla por completo.
Las aves diferían del ganado vacuno y de las ovejas tanto en tamaño como en la forma de prepararlas. Sin embargo, su holocausto también se quemaba sobre el fuego y la leña del altar. Las instrucciones sobre el ganado vacuno en el versículo 9, sobre las ovejas o cabras en el versículo 13 y sobre las aves en el versículo 17 concluyen con las mismas palabras: cada animal se convertía en una ofrenda encendida de aroma grato al Señor.
El pasaje no explica directamente por qué se permitían estas tres clases de ofrendas. Por tanto, no corresponde añadir una razón que el propio texto no ofrece. Lo que sí queda claro es que las instrucciones para ofrendas diferentes repiten el mismo desenlace. Aunque cada animal requería una preparación distinta, ningún holocausto omitía el procedimiento establecido y todos terminaban siendo quemados sobre el altar.
Cuando hoy vuelvas a leer Levítico 1, marca los verbos que se repiten en las instrucciones sobre el ganado vacuno, las ovejas o cabras y las aves. Si comparas en paralelo la secuencia de sacrificar, disponer de la sangre, lavar o retirar la suciedad y colocar la ofrenda sobre el fuego, podrás ver con claridad en qué difieren las tres instrucciones y cómo llegan al mismo desenlace.
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