¿Por qué Levítico 11 manda distinguir entre los animales que se pueden comer?
Levítico 11 clasifica detalladamente los animales que se pueden comer y los que no, además de explicar qué hacer al tocar un cadáver. Analizamos cómo estas normas reiteradas se relacionan con la santidad.

Levítico 11 establece esta distinción para que Israel aprendiera a diferenciar entre lo puro y lo impuro incluso en acciones cotidianas como comer y tocar. El capítulo clasifica, uno tras otro, los animales terrestres, los seres acuáticos, las aves y los insectos, y también explica qué debía hacerse al entrar en contacto con un cadáver. Al final, todas estas normas se vinculan con un mandato: puesto que Dios es santo, su pueblo también debía consagrarse y mantenerse apartado.
Había criterios claros para saber qué animales se podían comer
Los animales terrestres debían cumplir dos condiciones a la vez: tener la pezuña partida y rumiar. El camello, el damán y la liebre rumiaban, pero no tenían la pezuña partida. El cerdo tenía la pezuña partida, pero no rumiaba. Los animales que cumplían solo una de las condiciones también eran considerados impuros, por lo que no se debía comer su carne ni tocar su cadáver.
Los seres acuáticos también se distinguían mediante dos criterios. De todo lo que vivía en ríos y mares, se podía comer aquello que tuviera aletas y escamas. Si le faltaba una de estas dos características, debía considerarse detestable y no comerse. En el caso de las aves, se enumeraban expresamente las especies que no podían comerse.
En general, los insectos alados que caminaban sobre cuatro patas eran considerados detestables. Sin embargo, podían comerse ciertas especies de langostas, saltamontes y grillos que tenían patas articuladas para saltar. El texto no dejaba la decisión en manos de impresiones vagas, sino que enseñaba a distinguir lo comestible de lo prohibido según las características y la especie de cada criatura.
La norma no se limitaba a abstenerse de comer
A partir del versículo 24 se repiten las consecuencias de tocar o transportar un cadáver. Quien tocaba el cadáver de un animal impuro quedaba impuro hasta el anochecer. Quien lo transportaba debía lavar su ropa y permanecía impuro hasta el anochecer. Incluso si se trataba de un animal permitido como alimento, quien tocara su cuerpo después de que muriera por sí solo debía seguir el mismo procedimiento.
La distinción también se aplicaba cuando un cadáver entraba en contacto con algún objeto. Los utensilios de madera, la ropa, las pieles y los sacos debían sumergirse en agua y permanecían impuros hasta el anochecer. Si el cadáver caía dentro de una vasija de barro, tanto los alimentos como las bebidas que hubiera en ella quedaban impuros, y la vasija debía romperse. Los hornos y hornillos de barro también debían destruirse si un cadáver caía sobre ellos.
No todo contacto producía el mismo resultado. Un manantial o una cisterna que contenía agua no quedaba impuro, aunque sí quedaba impuro aquello que tocara el cadáver. Si este caía sobre semillas secas, estas seguían siendo puras; pero si las semillas estaban mojadas, quedaban impuras. El texto no solo presta atención al acto de comer, sino que distingue cuidadosamente qué objeto entró en contacto con el cadáver y en qué estado se encontraba.
La distinción estaba unida a una vida que no contaminara el cuerpo
A partir del versículo 41 vuelve a aparecer el mandato de no comer los animales que se arrastran por la tierra. A continuación, Dios advierte al pueblo que no se contamine ni se vuelva impuro por medio de ellos. Después de repetir las listas de alimentos y las normas para tratar los cadáveres, aparece este mandato: «Sean santos, porque yo soy santo».
Dios se presenta como el Dios de Israel y recuerda que los sacó de la tierra de Egipto. La consagración del pueblo que le pertenecía no debía quedarse únicamente en sus pensamientos. Se extendía hasta cuestiones concretas: qué animales comían, qué cadáveres tocaban y cómo trataban la ropa y los recipientes que habían quedado impuros.
Los versículos 46 y 47 resumen el capítulo como la ley acerca de los animales terrestres, las aves, los seres acuáticos y todo lo que se arrastra por la tierra. Su propósito era enseñar a distinguir entre lo impuro y lo puro, y entre los animales que podían comerse y los que no. Las largas listas y las instrucciones reiteradas de Levítico 11 muestran que la santidad debía manifestarse en las decisiones concretas de la vida cotidiana.
Hoy, lee Levítico 11 completo y señala por separado los mandatos que dicen «no comer» y las acciones que debían realizarse después de tocar un cadáver. Así podrás observar no solo qué debía evitarse, sino también qué procedimientos se repetían cuando alguien o algo quedaba impuro.
Artículos relacionados
Los votos de Levítico 27 implicaban una valoración establecida y una responsabilidad
Levítico 27 establece el valor y el procedimiento de rescate cuando se consagraban personas, animales, casas o campos mediante un voto. Analizamos cómo estas normas reiteradas dejaban clara la responsabilidad de quien hacía el voto.
¿Cómo relaciona Levítico 26 la obediencia con el pacto?
Levítico 26 contrapone claramente las consecuencias de la obediencia y la desobediencia, pero también afirma que, aun en medio del castigo, Dios no anula el pacto que estableció con Israel.
¿Qué límites establecía Levítico 22 para las ofrendas sagradas y los sacrificios?
Levítico 22 distingue quién podía comer de las ofrendas sagradas y cuándo hacerlo, así como el estado de los sacrificios y la manera de presentarlos, para no profanar el santo nombre del Señor.
Convierte este artículo en tu lectura bíblica de hoy
Lleva el plan McCheyne, la lectura en orden, notas y progreso en un solo lugar para saber siempre qué leer.
- Lecturas de hoy
- Checklist de lectura
- Notas y resaltados
