Números 18: cómo se repartieron las funciones y las porciones del santuario
Números 18 establece los límites entre las funciones de los sacerdotes y los levitas, les asigna las ofrendas y los diezmos como sustento, y ordena ofrecer la mejor parte incluso de los diezmos recibidos.
¿Cómo se repartieron las funciones y las porciones relacionadas con el santuario en Números 18? Los sacerdotes y los levitas no desempeñaban la misma labor, sino que cada uno servía dentro de los límites que se le habían establecido. En lugar de darles tierras como heredad, Dios les concedió las ofrendas y los diezmos. Aun así, los levitas debían apartar y ofrecer la mejor parte de lo recibido.
Las responsabilidades de los sacerdotes y los levitas tenían límites
Dios declaró que Aarón, sus hijos y su casa cargarían juntos con la culpa relacionada con el santuario. En particular, Aarón y sus hijos serían responsables de las faltas cometidas en el ejercicio del sacerdocio. Su función no consistía simplemente en ocupar un lugar cercano al santuario. También implicaba responder por las faltas que se produjeran en el ámbito que tenían a su cargo.
Los levitas fueron llamados a unirse a Aarón para ayudar en el servicio de la Tienda de reunión. Debían cumplir todas las tareas relacionadas con la Tienda, pero no podían acercarse a los utensilios del santuario ni al altar. Dios advirtió que, si los levitas o los sacerdotes traspasaban esos límites, podían morir.
Los demás israelitas tampoco podían acercarse a la Tienda de reunión. Cuando los sacerdotes y los levitas cumplían con las funciones encomendadas, la ira de Dios no volvía a caer sobre el pueblo de Israel. Los sacerdotes se ocupaban del altar y de lo que se hacía dentro de la Tienda; los levitas, por su parte, atendían el servicio de la Tienda de reunión e impedían que personas no autorizadas se acercaran. Servían en colaboración, pero tanto sus responsabilidades como los lugares a los que podían acceder eran claramente distintos.
Junto con cada función se asignó una porción
Dios entregó el sacerdocio a Aarón y a sus hijos como un don. También dijo que los levitas, tomados de entre los israelitas, eran un don que había entregado a Aarón. Sin embargo, esas funciones recibidas como regalo siempre iban acompañadas de mandamientos que debían obedecer y de responsabilidades por las que debían responder.
Dios asignó a Aarón y a sus descendientes determinadas porciones de las ofrendas sagradas presentadas por Israel. Les correspondían las partes no quemadas de las ofrendas de cereal, las ofrendas por el pecado y las ofrendas por la culpa, además de las ofrendas elevadas y mecidas, las primicias y los primeros frutos maduros. Algunos de esos alimentos solo podían comerlos los varones; otros podían consumirlos todos los miembros ritualmente puros de la familia. Los primogénitos humanos y las primeras crías de los animales impuros debían ser rescatados. En cambio, las primeras crías de las vacas, las ovejas y las cabras no se rescataban: su sangre y su grasa se ofrecían a Dios.
Aarón no recibió tierras ni parte alguna como heredad entre los israelitas. Dios le dijo que él mismo sería su porción y su heredad, y entregó a Aarón y a sus descendientes, como porción perpetua, las ofrendas sagradas presentadas por Israel.
Los levitas recibían el diezmo y, a su vez, entregaban otro diezmo
Los levitas tampoco recibieron una heredad territorial en Israel. Dios les dio como heredad y recompensa por su servicio en la Tienda de reunión los diezmos que presentaban los israelitas. Después de mencionar repetidamente su servicio y la responsabilidad que este conllevaba, Dios estableció el diezmo como la porción que les correspondía. Lo que recibían estaba estrechamente ligado a la labor que desempeñaban.
Los levitas no podían quedarse con todo el diezmo recibido. Debían apartar de él otro diezmo como ofrenda elevada para Dios y entregárselo al sacerdote Aarón. Dios les ordenó presentar lo mejor de todas las ofrendas recibidas, es decir, la parte consagrada. Después de ofrecerla, los levitas y sus familias podían comer el resto en cualquier lugar.
Números 18 no concede únicamente una función o una porción a quienes servían en el santuario. Los sacerdotes y los levitas debían respetar los límites establecidos, asumir sus responsabilidades y recibían una porción para sostener su servicio. Además, los levitas apartaban lo mejor de aquello que habían recibido para ofrecerlo. Las funciones, los límites, la recompensa y la porción que debía devolverse formaban parte de un mismo orden.
Hoy, mientras lees Números 18, escribe una línea sobre «la función de los sacerdotes», otra sobre «la función de los levitas» y otra sobre «la porción que recibió cada grupo». Al final, añade qué debían ofrecer nuevamente los levitas del diezmo que habían recibido. Al colocar juntas estas cuatro líneas, podrás ver con claridad cómo las responsabilidades y las porciones fueron establecidas como partes inseparables de un mismo orden.
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