Por qué Números 7 registra doce veces las mismas ofrendas
Números 7 relata detalladamente cómo los doce jefes presentaron las mismas ofrendas, uno por día, y por qué los carros fueron distribuidos de manera diferente según las funciones de los levitas.
Números 7 registra sin omitir a ninguno de los doce jefes que presentaron las mismas ofrendas, uno por día. La lista se repite para identificar por separado a cada jefe de tribu y su ofrenda. El pasaje también muestra que no todos realizaban el servicio de la misma manera, sino que cada familia levítica recibió los medios necesarios según la función que tenía encomendada.
Los carros y los bueyes se distribuyeron según cada función
El día en que Moisés ungió y consagró el tabernáculo, todos sus utensilios y el altar, los jefes de Israel presentaron delante del tabernáculo seis carros cubiertos y doce bueyes. Cada carro fue aportado por dos jefes y cada jefe ofreció un buey.
El Señor ordenó a Moisés que recibiera estas ofrendas y se las entregara a los levitas. Su finalidad también era clara: debían utilizarlas en el servicio de la Tienda de reunión, de acuerdo con la función asignada a cada uno.
Moisés entregó dos carros y cuatro bueyes a los descendientes de Gersón. A los descendientes de Merari les dio cuatro carros y ocho bueyes, bajo la supervisión de Itamar. Sin embargo, no entregó carros ni bueyes a los descendientes de Coat, porque su función relacionada con los objetos sagrados consistía en transportarlos sobre los hombros.
Aunque todos pertenecían a la tribu de Leví, no recibieron la misma cantidad de carros. La distribución no se hizo según el número de personas ni buscando una igualdad aparente, sino conforme al trabajo encomendado a cada familia. Que los descendientes de Coat no recibieran nada no significa que fueran excluidos. El propio pasaje explica que la forma en que debían cumplir su tarea no requería carros.
Los doce jefes se presentaron uno por día
Las ofrendas para la dedicación del altar tampoco se presentaron todas a la vez. El Señor dispuso que cada día uno de los jefes llevara su ofrenda. El primer día la presentó Nahsón, de la tribu de Judá, y el segundo día, Natanael, de la tribu de Isacar. Así continuaron hasta el duodécimo día, cuando presentó su ofrenda Ahira, de la tribu de Neftalí.
Todos los jefes ofrecieron los mismos objetos y sacrificios. Una fuente de plata y un recipiente de plata contenían flor de harina amasada con aceite. Una cuchara de oro estaba llena de incienso. También eran iguales para cada jefe las clases y cantidades de animales destinados al holocausto, al sacrificio por el pecado y al sacrificio de comunión.
A partir del segundo jefe, el pasaje no abrevia la lista. Cada día vuelve a registrar los nombres de los doce jefes, los nombres de sus padres, las tribus a las que pertenecían y las ofrendas que presentaron. Aunque el contenido de las ofrendas era idéntico, no se omite quién las ofreció ni en qué día lo hizo. Las doce tribus participaron juntas, pero la participación de cada jefe quedó consignada individualmente.
Los registros repetidos culminaron en un total
Después del relato de los doce días aparece el total de todas las ofrendas. Hubo doce fuentes de plata, doce recipientes de plata y doce cucharas de oro. También fueron doce los novillos, los carneros y los corderos de un año destinados al holocausto, así como los machos cabríos ofrecidos como sacrificio por el pecado. Para los sacrificios de comunión se ofrecieron veinticuatro novillos, sesenta carneros, sesenta machos cabríos y sesenta corderos de un año.
La primera parte registra, día tras día, la porción presentada por cada jefe; la parte final cuenta el resultado de reunir todas las ofrendas. Las doce listas idénticas no son una simple repetición. Confirman que ninguna tribu quedó fuera y que cada jefe participó en la dedicación del altar con una ofrenda del mismo contenido.
Al final del capítulo se relata que, cuando Moisés entraba en la Tienda de reunión para hablar con el Señor, oía la voz que le hablaba desde encima del propiciatorio, entre los dos querubines situados sobre el arca del testimonio. Esta escena, en la que el Señor habla con Moisés, aparece después de la consagración del tabernáculo, de la distribución de los recursos necesarios para el servicio conforme a cada función y de la presentación de todas las ofrendas de dedicación del altar por parte de los doce jefes.
Cuando leas hoy Números 7, no pases por alto los fragmentos repetidos. Prueba a marcar, uno por uno, los nombres de los doce jefes. Así podrás reconocer de manera concreta por qué se registró doce veces la misma ofrenda y cómo participaron todas las tribus sin que faltara ninguna.
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