Por qué Israel atravesó unas tierras, pero luchó contra Sijón
Deuteronomio 2 muestra con claridad los límites de la orden de Dios: Israel debía pasar sin combatir por las tierras de Esaú, Moab y Amón, pero luchar por la tierra de Sijón, que Dios había puesto en sus manos.
Israel no tomó posesión de todas las tierras que encontró a su paso. En Deuteronomio 2, Dios le ordenó no enfrentarse con Esaú, Moab ni Amón, pero sí conquistar la tierra de Sijón. El avance de Israel no dependía de su fuerza ni de sus necesidades, sino de los límites y las órdenes establecidos por Dios.
Dios mandó cambiar de rumbo al pueblo que llevaba tanto tiempo dando vueltas
Por orden de Dios, Israel se internó en el desierto por el camino del mar Rojo y pasó muchos días rodeando el monte Seír. Entonces Dios les dijo que ya llevaban demasiado tiempo dando vueltas alrededor de aquel monte y que debían dirigirse hacia el norte.
Sin embargo, el cambio de rumbo no significaba que todas las tierras cercanas pasaran a pertenecer a Israel. En Seír vivían los descendientes de Esaú, parientes de los israelitas. Dios les advirtió que ellos tendrían miedo de Israel y, por eso, debían actuar con mucho cuidado. También les ordenó que no lucharan contra ellos. Como había entregado el monte Seír a Esaú como heredad, no daría a Israel ni siquiera un palmo de aquella tierra.
Israel tampoco debía apoderarse de los alimentos ni del agua que necesitara. Tenía que pagar por la comida y por el agua que consumiera. El hecho de que Dios hubiera estado con el pueblo durante cuarenta años y no le hubiera faltado nada no le daba derecho a apropiarse de las tierras ni de los bienes de otras naciones.
El mismo límite se repitió ante Moab y Amón
Cuando Israel avanzó por el camino del desierto de Moab, Dios también le ordenó que no hostigara a los moabitas ni entrara en guerra contra ellos. Como había entregado Ar a los descendientes de Lot como heredad, la tierra de Moab tampoco le correspondía a Israel.
Al acercarse a los amonitas, recibió la misma orden. Dios le dijo que no los hostigara ni luchara contra ellos, pues la tierra de Amón también era una heredad concedida a los descendientes de Lot.
Ante Esaú, Moab y Amón se repitió la misma restricción. Israel no podía adueñarse de una tierra simplemente porque pareciera más fuerte o porque aquella se encontrara en su camino. En los territorios que Dios había entregado a otras naciones, debía evitar el enfrentamiento y limitarse a pasar por la ruta indicada.
En la tierra de Sijón, la orden fue diferente
La orden cambió al llegar al valle del Arnón. Dios había puesto en manos de Israel a Sijón, rey de Hesbón, junto con su territorio, y le mandó luchar para tomar posesión de aquella tierra.
Sin embargo, Moisés no atacó de inmediato. Envió mensajeros a Sijón con una propuesta de paz y le pidió permiso para atravesar su territorio. Explicó que avanzarían únicamente por el camino principal, sin desviarse a la derecha ni a la izquierda, y que pagarían por los alimentos y el agua. Solo pedían pasar a pie, como habían hecho por las tierras de los descendientes de Esaú y de los moabitas.
Sijón no permitió que Israel atravesara su territorio. Reunió a todo su pueblo y salió a combatir contra Israel en Jahaza. Dios entregó a Sijón y su tierra en manos de Israel, y los israelitas conquistaron sus ciudades.
Aun después de la victoria, los límites siguieron vigentes. Israel conquistó las ciudades hasta Galaad, pero no se acercó a la tierra de los amonitas, a las riberas del río Jaboc ni a las ciudades de la región montañosa, pues Dios les había prohibido entrar allí. Incluso después de vencer, los lugares prohibidos continuaron estando fuera de sus límites.
Tanto luchar como detenerse dependía de la orden de Dios
El mensaje central de Deuteronomio 2 no consiste solamente en que Israel siguió avanzando. En Seír pagó por lo que comió y bebió; no hostigó a Moab ni a Amón; y primero pidió a Sijón que le permitiera pasar pacíficamente. Cuando Sijón salió a combatir, Israel tomó la tierra que Dios había puesto en sus manos; pero, después de la victoria, volvió a detenerse ante la frontera de Amón.
Lee hoy de nuevo Deuteronomio 2 y marca los tres pasajes donde Dios ordena no luchar y el pasaje donde manda combatir para tomar posesión de la tierra. Al observar juntos los lugares donde Israel avanzó y aquellos donde se detuvo, queda claro que no combatió por todas las tierras, sino que actuó dentro de los límites que Dios había establecido.
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