Cómo las hijas de Zelofehad conservaron la heredad de su padre
Números 36 relata cómo las hijas de Zelofehad, después de heredar los bienes de su padre, obedecieron el mandato dado para evitar que aquellas tierras pasaran a otra tribu.
Las hijas de Zelofehad recibieron la heredad de su padre y se casaron dentro de una familia perteneciente a la tribu de sus antepasados, para que esos bienes no pasaran a otra tribu. Números 36 muestra cómo fue posible garantizar tanto el derecho de las hijas a heredar como la conservación de la heredad propia de cada tribu. Al examinar en orden la cuestión planteada por los jefes, el mandato recibido, su cumplimiento y el resultado, el mensaje central del capítulo se vuelve evidente.
Los jefes de los descendientes de Galaad plantearon el problema del traspaso de la heredad
Los jefes de las familias descendientes de Galaad, pertenecientes a los hijos de José, se presentaron ante Moisés y los líderes de Israel. Recordaron conjuntamente dos mandatos de Dios: que la tierra debía repartirse por sorteo entre los israelitas y que la heredad de Zelofehad debía entregarse a sus hijas.
El problema que planteaban no era que las hijas hubieran recibido una heredad. La cuestión era qué sucedería con ella si las hijas de Zelofehad se casaban con hombres de otra tribu. En ese caso, las tierras pasarían a formar parte de la heredad de la tribu a la que ellas se incorporaran y se restarían de la heredad de la tribu de Manasés.
Los jefes señalaron que, incluso cuando llegara el jubileo, aquellas tierras seguirían añadidas a la heredad de la tribu a la que pertenecieran las hijas. Por lo tanto, su preocupación no se limitaba al uso temporal de las tierras, sino a que estas se perdieran definitivamente para la tribu de sus antepasados.
Se dio un mandato que protegía tanto la elección de las hijas como la heredad de la tribu
Moisés declaró, conforme a la palabra del Señor, que la tribu de los hijos de José tenía razón. Después transmitió el mandato de que las hijas de Zelofehad podían casarse con quien quisieran, siempre que lo hicieran dentro de una familia de la tribu de su padre.
Este mandato establece a la vez el margen de elección de las hijas y la condición necesaria para conservar la heredad. Ellas podían casarse y seguir siendo dueñas de lo que habían recibido de su padre. Sin embargo, debían hacerlo de manera que la heredad no pasara a otra tribu.
Entre los versículos 7 y 9 se repite varias veces la misma conclusión: ninguna heredad debía pasar de una tribu a otra. Los israelitas debían conservar la heredad de sus antepasados, y cada tribu debía mantener la suya. Esta reiteración deja claro que el mandato sobre el matrimonio estaba directamente relacionado con la conservación de las heredades tribales.
La norma no se aplicaba únicamente a las hijas de Zelofehad. El texto dispone que toda hija israelita que recibiera una heredad debía casarse dentro de una familia de la tribu de su padre. La respuesta a la situación de una familia se convirtió así en una norma para todos los casos semejantes.
Las hijas de Zelofehad obedecieron el mandato
Maala, Tirsa, Hogla, Milca y Noa hicieron lo que el Señor había ordenado a Moisés. El texto vuelve a mencionar por nombre a las cinco hijas y relata que se casaron con hijos de sus tíos paternos.
Todas contrajeron matrimonio dentro de una familia descendiente de Manasés, hijo de José. Como resultado, la heredad permaneció en la tribu de la familia de su padre. El problema planteado anteriormente quedó resuelto mediante el mandato recibido y su cumplimiento efectivo.
La secuencia de Números 36 es muy concreta. Las hijas recibieron la heredad de su padre, y los jefes advirtieron que esta podía pasar a otra tribu después de que ellas se casaran. Dios estableció que debían contraer matrimonio dentro de una familia de la tribu de sus antepasados. Cuando las hijas obedecieron, la heredad permaneció en la tribu de Manasés. Este capítulo muestra cómo el mandato y su cumplimiento hicieron compatibles el derecho de una persona a heredar y la responsabilidad de cada tribu de conservar la heredad que había recibido.
Una acción que puedes realizar hoy es volver a leer Números 36:2-12. Mientras lees, observa en orden quién recibió la «heredad», a qué tribu habría podido pasar y en cuál permaneció finalmente. Si sigues las palabras que se repiten, podrás comprender como una sola secuencia la pregunta de los jefes, la razón del mandato y el resultado de la obediencia de las hijas.
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