¿Qué vacíos llenaron las hijas de Zelofehad y Josué?
Números 27 presenta, uno tras otro, el fallo que concede la heredad de Zelofehad, quien no tenía hijos varones, y el proceso por el que Josué fue designado sucesor de Moisés.
Números 27 aborda dos vacíos: el de la heredad de una familia sin hijos varones y el que quedaría en la congregación tras la partida de Moisés. Dios dispuso que las hijas de Zelofehad recibieran la heredad de su padre y que Josué sucediera a Moisés. Aunque se trata de dos asuntos diferentes, el pasaje muestra cómo ninguno quedó sin resolver: uno se ordenó mediante un fallo claro y el otro, mediante una comisión pública.
Las hijas de Zelofehad plantearon el riesgo de que desapareciera el nombre de su padre
Las cinco hijas de Zelofehad —Mahlá, Noá, Hoglá, Milcá y Tirsá— se presentaron a la entrada del tabernáculo de reunión. Comparecieron ante Moisés, el sacerdote Eleazar, los jefes y toda la congregación. No expresaron su inconformidad en secreto, sino que expusieron su situación en presencia de la comunidad.
Explicaron que su padre había muerto en el desierto, pero que no había formado parte del grupo de Coré. También señalaron que no había tenido hijos varones. El problema que planteaban era claro: el nombre de su padre no debía desaparecer de entre su familia por el solo hecho de no haber tenido un hijo.
Por eso pidieron recibir una heredad entre los hermanos de su padre. Después de identificar por nombre a las cinco hijas, el texto relata con precisión dónde se presentaron, ante quiénes lo hicieron y qué solicitaron. El fallo sobre la heredad surgió a partir de la petición de unas personas cuyo nombre familiar corría el riesgo real de desaparecer.
La petición de una familia se convirtió en norma para Israel
Moisés no resolvió el asunto según su propio criterio. Llevó la causa de las hijas ante el Señor. Dios declaró que ellas tenían razón y ordenó que se les entregara la heredad de su padre.
El fallo no quedó limitado a la familia de Zelofehad. Si un hombre moría sin dejar hijos varones, su heredad debía pasar a su hija. Si tampoco tenía hijas, debía entregarse a sus hermanos; si no tenía hermanos, a los hermanos de su padre. Y, si tampoco los había, la recibiría su pariente más cercano.
El pasaje repite cada posible situación y establece, paso a paso, a quién debía corresponder la heredad. Así, el problema planteado por una sola familia quedó establecido como norma jurídica para los israelitas. La ausencia de un hijo varón no ponía fin al destino de la heredad, sino que se fijó un orden claro que comenzaba por las hijas y llegaba hasta el pariente más cercano.
Moisés pensó primero en la congregación que quedaría después de él
Dios le dijo a Moisés que subiera al monte Abarim para contemplar la tierra que había prometido. Después de verla, tendría que reunirse con sus antepasados, al igual que Aarón. La razón señalada fue que, cuando la congregación protestó en el desierto de Zin, ambos desobedecieron el mandato de Dios y no manifestaron su santidad junto a las aguas de Meribá.
Al escuchar estas palabras, Moisés no pidió que Dios cambiara su destino. En cambio, rogó que pusiera a alguien al frente de la congregación: una persona que saliera y entrara delante del pueblo, y que lo guiara para que la congregación del Señor no quedara como ovejas sin pastor.
Dios le ordenó que tomara a Josué y pusiera sus manos sobre él. Josué debía presentarse ante el sacerdote Eleazar y toda la congregación, y Moisés debía encomendarle su misión y transmitirle autoridad a la vista de todos. En adelante, Josué y toda la congregación saldrían y entrarían conforme a la decisión que Eleazar consultara y comunicara ante el Señor.
Moisés hizo lo que se le había mandado. Llevó a Josué, lo presentó ante Eleazar y toda la congregación, puso sus manos sobre él y le encomendó la misión. No se limitó a dejar formulada una petición: estableció ante la comunidad a la persona elegida por Dios y lo hizo de la manera que Dios había dispuesto.
Los vacíos se resolvieron mediante procedimientos claros
Ante el problema de la heredad planteado por las hijas de Zelofehad, se estableció una norma que determinaba cómo debía pasar a los parientes. Para el vacío que dejaría Moisés, se ordenó presentar públicamente a Josué y encomendarle su misión. En un caso se fijó un orden de sucesión para impedir que desaparecieran el nombre y la heredad de una familia; en el otro, se designó un líder para que la congregación no quedara como ovejas sin pastor.
Piensa hoy en una situación sobre la que te resulte difícil tomar una decisión. Escribe en líneas separadas los hechos que ya has comprobado y la solución que deseas. Después, sin apresurarte a sacar una conclusión, lee directamente los pasajes bíblicos relacionados. Es una acción concreta que sigue el mismo proceso que vemos cuando las hijas de Zelofehad expusieron su situación con claridad y Moisés llevó su causa ante el Señor.
Artículos relacionados
Por qué Deuteronomio 4 llama a recordar y obedecer
Deuteronomio 4 explica por qué Israel debía recordar lo que había visto y oído de Dios, no fabricar ídolos y obedecer su palabra sin añadir ni quitar nada.
¿Qué responsabilidad ordena Deuteronomio 3 ante la tierra recibida?
Deuteronomio 3 relata la derrota de Og, rey de Basán, el reparto de las tierras al este del Jordán, el mandato de marchar al frente de sus hermanos y la responsabilidad que Josué debía asumir.
Cómo las hijas de Zelofehad conservaron la heredad de su padre
Números 36 relata cómo las hijas de Zelofehad, después de heredar los bienes de su padre, obedecieron el mandato dado para evitar que aquellas tierras pasaran a otra tribu.
Convierte este artículo en tu lectura bíblica de hoy
Lleva el plan McCheyne, la lectura en orden, notas y progreso en un solo lugar para saber siempre qué leer.
- Lecturas de hoy
- Checklist de lectura
- Notas y resaltados
