¿Qué decisiones nos lleva a tomar la santidad en la vida cotidiana?
Descubre qué es la santidad a la luz de la Biblia y cómo vivirla en situaciones cotidianas relacionadas con las palabras, la honradez, la pureza sexual y el uso de los medios.

¿Qué decisiones nos lleva a tomar la santidad en la vida cotidiana?
Cuando pensamos en la santidad, es fácil imaginar a una persona estricta que vive apartada del mundo. Sin embargo, la santidad de la que habla la Biblia no se limita a ciertos lugares ni a ceremonias religiosas. Vivir en santidad significa que quienes pertenecen a Dios rechazan el pecado y eligen actuar de acuerdo con su Palabra.
La santidad tampoco es un requisito para obtener la salvación. Los cristianos son justificados por la fe en Jesucristo. Pero Dios no abandona a sus hijos después de salvarlos: por medio del Espíritu Santo y de su Palabra, les muestra su pecado y los guía a obedecer. Por eso, la santidad no consiste en demostrar que somos dignos, sino en vivir como respuesta a la gracia que ya hemos recibido.
El carácter de Dios es la medida de la santidad
Dios dijo al pueblo de Israel: «Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios» (Levítico 19:2, RVR1960). La medida de la santidad no son las modas de cada época ni la opinión de los demás. Su verdadero criterio es quién es Dios y qué ha declarado bueno.
Pedro transmitió el mismo mandato a la Iglesia: «Como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir» (1 Pedro 1:15, RVR1960). La expresión que debemos destacar aquí es «toda vuestra manera de vivir». No solo el culto del domingo, sino también la forma en que gastamos el dinero, los videos que vemos a solas, las palabras que dirigimos a nuestra familia y los informes que redactamos en el trabajo deben reflejar santidad delante de Dios.
Cuando leas la Biblia, no te limites a señalar los mandamientos; observa también el carácter del Dios que los dio. En Lectura de la Biblia, puedes leer completo el capítulo 1 de 1 Pedro, resaltar los versículos 15 y 16 y escribir en una sola frase qué conducta debes corregir hoy. Al leer el contexto, podrás comprobar que Dios llamó a su pueblo redimido a vivir en santidad.
Debemos apartarnos del pecado y hacer el bien
La santidad no consiste simplemente en cumplir una lista de prohibiciones. Primera de Tesalonicenses 4:3 dice: «Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación» (RVR1960). La pureza sexual es un acto de obediencia mediante el cual consagramos a Dios nuestro cuerpo y nuestra mirada. No basta con dejar de ver contenido sexualmente explícito o de participar en conversaciones obscenas; también debemos decidir que no trataremos a otras personas como objetos destinados a satisfacer nuestros deseos.
Lo mismo se aplica a nuestras palabras. No participar en chismes no es suficiente. Debemos evitar difundir historias cuya veracidad no hemos comprobado, proteger la reputación de quienes no están presentes y disculparnos directamente cuando hayamos hablado mal. Hablar con santidad no es simplemente saber guardar silencio, sino dirigir al prójimo palabras verdaderas y edificantes.
Las situaciones que exigen honradez también son muy concretas. Podemos sentir la tentación de declarar gastos laborales superiores a los reales o de culpar a otra persona para ocultar un error. Decir la verdad, aunque preveamos que nos ocasionará pérdidas, y asumir la responsabilidad que nos corresponde son expresiones de santidad. Incluso cuando nadie vaya a comprobarlo, debemos elegir la honradez porque creemos que Dios nos ve.
Cuando fracases, no te escondas: arrepiéntete
Aunque los cristianos han recibido el mandato de vivir en santidad, en esta vida no llegan a ser personas completamente libres de pecado. No debemos restar importancia a nuestros fracasos, pero tampoco rendirnos por haber caído una vez. Primera de Juan 1:9 enseña: «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad» (RVR1960).
El arrepentimiento va acompañado de acciones concretas. Si hemos mentido, debemos aclarar la verdad; si poseemos algo injustamente, debemos devolverlo; y si cierto entorno nos lleva a repetir el mismo pecado, debemos apartarnos de él. Si el problema es el teléfono, podemos dejar de seguir cuentas perjudiciales y limitar el tiempo de uso. Si repetimos el mismo pecado cuando estamos solos, también puede ser necesario contarle la situación a un líder de confianza de la iglesia o a otro creyente y pedirle que nos acompañe y supervise.
No basta con saber qué es un devocional. A la luz de la Palabra leída, debemos decidir una acción concreta que pondremos en práctica hoy. En lugar de escribir «tendré cuidado con lo que digo», es mejor anotar: «Si durante el almuerzo comienzan los chismes, cambiaré de tema y no repetiré lo que se diga». Al registrar tanto la acción como la situación, podrás comprobar por la noche si realmente obedeciste.
Esta semana, registra tu conducta en un área
Hebreos 12:14 ordena: «Seguid la paz con todos, y la santidad» (RVR1960). La santidad no es algo que practicamos solo cuando tenemos ganas, sino una meta que debemos perseguir continuamente. Debemos depender del Espíritu Santo, alejarnos de los entornos que nos inducen a pecar y repetir las conductas que están de acuerdo con la Palabra.
Esta semana, elige una sola área: las palabras, el dinero, la pureza sexual o el uso de los medios. Cada noche, a la misma hora, escribe en una línea qué decisión tomaste durante el día. Cuando fracases, no pongas excusas; anota qué hiciste mal y decide qué acción tomarás para corregirlo. Dios se complace más en los hijos que reconocen su pecado, dependen de Cristo y vuelven a obedecer que en quienes fingen ser perfectos. ¿Qué decisión cambiarás hoy para vivir como alguien que pertenece a Dios?
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