Por qué Deuteronomio 27 manda escribir la Palabra sobre piedras y responder «Amén»
Deuteronomio 27 ordena escribir la ley sobre piedras y que todo el pueblo responda «Amén» después de cada maldición proclamada. Este pasaje muestra la vida que se esperaba del pueblo al entrar en la tierra prometida.

En Deuteronomio 27, después de cruzar el Jordán, Israel debía escribir la ley sobre piedras y responder «Amén» a cada declaración proclamada por los levitas. Este mandato une inseparablemente la entrada en la tierra prometida con la obediencia a la Palabra dentro de ella. El pasaje presenta, en orden, la Palabra escrita sobre piedras, los sacrificios ofrecidos a Dios y la respuesta de todo el pueblo.
Debían escribir la Palabra en cuanto entraran en la tierra
Moisés y los ancianos comenzaron ordenando al pueblo que cumpliera todos los mandamientos. Luego les indicaron que, el día en que cruzaran el Jordán y entraran en la tierra que Dios les daba, levantaran piedras grandes y las recubrieran con cal. Después de cruzar, debían escribir sobre ellas todas las palabras de la ley.
Este mandato vuelve a detallarse en los versículos 4 y 8. Las piedras debían levantarse en el monte Ebal, y todas las palabras de la ley tenían que quedar escritas sobre ellas con mucha claridad. El pueblo no debía limitarse a conmemorar su entrada en una tierra nueva. También debía dejar constancia, de una forma visible y comprensible para todos, de la Palabra que tendría que obedecer allí.
El pasaje llama repetidamente a aquella tierra el lugar que Dios les daba. Al mismo tiempo, exige que quienes entren en ella cumplan sus mandamientos y estatutos. La tierra recibida y la Palabra que debía obedecerse aparecen juntas en una misma escena.
En el altar de piedra ofrecieron sacrificios y se alegraron
El pueblo también debía construir en el monte Ebal un altar de piedras para Dios. Se les ordenó utilizar piedras enteras, no labradas con herramientas de hierro. Sobre aquel altar debían ofrecer holocaustos y sacrificios de paz. Después de ofrecer estos últimos, debían comer allí y alegrarse delante de Dios.
La escritura de la ley sobre las piedras y la presentación de sacrificios en el altar fueron ordenadas en el mismo lugar. En el monte Ebal estaría escrita la Palabra que debían guardar; allí se ofrecerían sacrificios a Dios y también habría un espacio para comer y alegrarse en su presencia. Por tanto, la escena en la que se escribe la Palabra no se compone únicamente de advertencias sobre la maldición. También incluye ofrendas, una comida compartida y alegría delante de Dios.
Todo el pueblo respondió «Amén» a las mismas declaraciones
Moisés y los sacerdotes levitas pidieron a todo Israel que guardara silencio y escuchara. Después dijeron: «Hoy has venido a ser pueblo de Jehová tu Dios» y los exhortaron a obedecer su voz y cumplir sus mandamientos y estatutos. Escuchar debía conducir a la acción.
Tras cruzar el Jordán, seis tribus debían situarse sobre el monte Gerizim y las otras seis sobre el monte Ebal. Los levitas proclamarían en voz alta las maldiciones ante todos los israelitas. Se mencionaron, una tras otra, acciones como levantar un ídolo en secreto, deshonrar a los padres, mover los límites de la propiedad del prójimo y hacer extraviar a una persona ciega.
También se incluyeron la injusticia contra el extranjero, el huérfano y la viuda; la transgresión de los límites sexuales; el asesinato secreto del prójimo y la aceptación de sobornos para matar a un inocente. Al terminar cada declaración, todo el pueblo debía responder «Amén».
La repetición del «Amén» no dejaba la escucha y el juicio en manos de unos pocos. Todo el pueblo oía las mismas declaraciones y respondía personalmente. Desde los ídolos fabricados en secreto hasta el daño causado al prójimo y a las personas vulnerables, ni siquiera las acciones ocultas a los ojos humanos quedaban fuera de la Palabra proclamada.
La Palabra escrita y aceptada debía ponerse en práctica
La última declaración reúne todas las anteriores: «Maldito el que no confirmare las palabras de esta ley para hacerlas». Y todo el pueblo debía responder nuevamente «Amén». El proceso no terminaba al escribir claramente la ley sobre las piedras ni al aceptarla de palabra. El mandato inicial de cumplirla por completo se une a la exigencia final de ponerla en práctica.
El mensaje central de Deuteronomio 27 es que el pueblo que ve, escucha y acepta la Palabra debe llevarla a la práctica. El día en que entraron en la tierra, dejaron la Palabra escrita sobre piedras y todos escucharon su proclamación en voz alta. Después respondieron «Amén» a cada declaración y, al final, confirmaron juntos que debían cumplir todas las palabras de la ley.
Hoy vuelve a leer Deuteronomio 27 y anota uno de los mandatos acompañados por el «Amén» repetido. Luego decide una acción concreta que puedas realizar hoy para no desobedecer esa palabra. Así seguirás el mismo recorrido que presenta el pasaje: que lo escrito y aceptado llegue a ponerse en práctica.
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