Qué debía recordar el pueblo pequeño en Deuteronomio 7
Deuteronomio 7 explica por qué Israel, aunque era un pueblo poco numeroso, debía recordar la liberación de Egipto, apartarse de otros dioses y obedecer los mandamientos de Dios ante naciones más poderosas.
En Deuteronomio 7, lo que Israel, siendo un pueblo poco numeroso, debía recordar era que Dios lo había rescatado de Egipto. Ese recuerdo era la razón por la que no debía temer a naciones más numerosas y poderosas. El capítulo explica que el Dios que los salvó con poder en el pasado seguiría en medio de ellos y cumpliría progresivamente lo que había prometido.
Dios no los escogió por ser un pueblo numeroso
Ante Israel había siete naciones más numerosas y poderosas que ellos. Dios prometió entregárselas. Los israelitas no debían hacer pactos con ellas ni contraer matrimonio con sus habitantes. Tenían que derribar sus altares, destrozar sus piedras sagradas y destruir sus imágenes de Aserá y sus ídolos tallados.
El pasaje también explica con claridad el motivo. Si se unían en matrimonio con aquellos pueblos, sus hijos podrían ser inducidos a apartarse del Señor y servir a otros dioses. Si codiciaban y tomaban la plata o el oro que recubría los ídolos, aquello podía convertirse en una trampa. Israel no recibió simplemente la orden de mantenerse alejado de otras naciones. Debía eliminar de su comunidad y de sus hogares los dioses y objetos que pudieran apartarlo de Dios.
Israel recibió estas órdenes porque era un pueblo consagrado al Señor, escogido para ser su especial tesoro. Sin embargo, Dios no lo eligió por ser numeroso. De hecho, era el más pequeño de todos los pueblos. Dios amó a Israel y cumplió el juramento que había hecho a sus antepasados; por eso lo rescató con mano poderosa de la tierra donde vivía esclavizado y del poder del faraón.
Cuando sintieran miedo, debían recordar lo que vieron en Egipto
Al contemplar pueblos más numerosos, los israelitas podían preguntarse: «¿Cómo podré expulsarlos?». Ante ese temor, Dios no se limitó a pedirles que reunieran valor. Les ordenó recordar bien lo que había hecho con el faraón y con todo Egipto.
Israel había contemplado en Egipto grandes pruebas, señales y prodigios, así como la mano poderosa y el brazo extendido de Dios. Él mismo los había sacado de aquel país. La razón para no temer a las naciones que encontrarían no estaba en la cantidad de israelitas ni en su fuerza, sino en lo que ya habían visto hacer a Dios. El mismo Dios que los rescató de Egipto actuaría contra los pueblos que temían. El Dios grande y temible estaba en medio de ellos.
Esta promesa no significaba que todo terminaría de una sola vez. Dios dijo que expulsaría poco a poco a aquellas naciones de delante de Israel. Si desaparecían con demasiada rapidez, los animales salvajes podrían multiplicarse y perjudicar al pueblo. Aunque el proceso no concluyera de inmediato, Israel no debía dejarse dominar por el miedo. Dios prometió acabar incluso con quienes quedaran o intentaran esconderse y entregar finalmente en manos de Israel a aquellas naciones y a sus reyes.
Recordar debía conducir a la obediencia
Dios es fiel a su pacto, pero reconocer esta verdad de palabra no basta para responder a lo que exige Deuteronomio 7. El pasaje contrasta a quienes aman a Dios y obedecen sus mandamientos con quienes lo aborrecen. Después insiste en que Israel debía cumplir los mandamientos, decretos y leyes recibidos.
Si Israel escuchaba y obedecía todas estas leyes, Dios mantendría el pacto jurado a sus antepasados y le mostraría su amor fiel. También prometió bendiciones concretas: hijos, frutos de la tierra, cereales, vino nuevo, aceite, ganado vacuno y rebaños. En cambio, advirtió que servir a otros dioses o introducir ídolos en casa convertiría esos objetos en una trampa y podría provocar que Israel también fuera destruido.
Por tanto, recordar en Deuteronomio 7 no consiste únicamente en evocar el pasado. Implica recordar la liberación de Egipto, no temer a naciones poderosas, eliminar los ídolos que alejan de Dios y obedecer hoy los mandamientos recibidos. El reducido número de israelitas no anulaba la elección de Dios, ni la fuerza de los pueblos que tenían delante cambiaba sus promesas.
Si hoy quieres poner en práctica una sola cosa, vuelve a leer los versículos 17 al 19 de Deuteronomio 7. Intenta resumir en una frase lo que Dios pidió recordar a Israel cuando sintiera miedo. Puedes escribir: «Recuerda que Dios sacó a Israel de Egipto con mano poderosa». Así quedará claro cuál es el fundamento que, según el pasaje, debemos contemplar antes que nuestro temor.
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