Éxodo 26 levanta un tabernáculo que une y separa
Éxodo 26 ordena unir en una sola estructura numerosos lienzos y tablas, y separar mediante un velo el Lugar Santo del Lugar Santísimo. Examinamos el orden creado por la estructura y la disposición del tabernáculo.

El tabernáculo de Éxodo 26 es un espacio en el que distintos materiales se unen con precisión para formar una sola estructura y, al mismo tiempo, un velo establece una separación clara entre el Lugar Santo y el Lugar Santísimo. Después de indicar detalladamente cómo unir las cortinas y las tablas, el capítulo define los límites interiores del tabernáculo y el lugar de cada objeto. Lo esencial no es simplemente construir algo espléndido, sino disponer cada unión, separación y ubicación conforme a lo ordenado.
Muchas cortinas forman un solo tabernáculo
Las cortinas interiores del tabernáculo debían confeccionarse con lino fino torcido y con hilos azules, púrpuras y carmesíes. En total eran diez, todas de la misma longitud y anchura. Primero debían unirse entre sí en dos grupos de cinco.
En el borde de cada conjunto se colocaban cincuenta lazadas azules. Las lazadas de ambos lados debían quedar unas frente a otras y unirse mediante cincuenta corchetes de oro. El texto afirma que así el conjunto formaría «un solo tabernáculo». No se partía de una única pieza de tela: varias cortinas de igual tamaño se enlazaban mediante lazadas y corchetes hasta convertirse en una sola estructura.
Las cortinas de pelo de cabra que cubrían el tabernáculo seguían un proceso similar. Debían hacerse once cortinas del mismo tamaño, unidas en dos grupos, uno de cinco y otro de seis. En ambos bordes se colocaban cincuenta lazadas, que se enlazaban con corchetes de bronce para formar «una sola cubierta». La media cortina sobrante debía colgar por la parte posterior, y el largo restante a ambos lados servía para cubrir los costados. Encima se colocaban una cubierta de pieles de carnero teñidas de rojo y otra de pieles de tejón.
Los dos tipos de cortinas diferían en el material, la cantidad de piezas y el metal de los corchetes. Sin embargo, en ambos casos se repite el mismo proceso: unir varias piezas mediante un número determinado de lazadas y corchetes. El tabernáculo no era un espacio compuesto por fragmentos dispersos, sino una estructura en la que numerosas partes, debidamente enlazadas, formaban un solo tabernáculo y una sola cubierta.
Las tablas y los travesaños sostienen el tabernáculo
Las tablas que sostenían el tabernáculo también debían tener las mismas medidas. Cada una llevaba dos espigas que permitían unirla con las demás, y debajo se colocaban basas de plata ajustadas a esas espigas. En los lados sur y norte había veinte tablas y cuarenta basas de plata; en el lado occidental y sus dos esquinas, ocho tablas y dieciséis basas.
No bastaba con levantar las tablas. Para cada uno de los tres lados debían hacerse cinco travesaños, y el travesaño central tenía que atravesar las tablas de un extremo al otro. Las tablas se recubrían de oro y llevaban anillos de oro por los que pasaban los travesaños, también revestidos de oro. Así como las cortinas se enlazaban mediante lazadas y corchetes, las tablas quedaban unidas por medio de espigas, basas y travesaños.
El versículo 30 resume todas estas instrucciones al ordenar que el tabernáculo se levante «conforme al modelo que te fue mostrado en el monte». Las medidas, las cantidades, los materiales y la manera de unir cada parte no quedaban al criterio de quien lo construía. Cada elemento del tabernáculo debía colocarse en el lugar y de la forma establecidos por el modelo revelado.
El velo separa el Lugar Santo del Lugar Santísimo
Una vez unidas las distintas partes del tabernáculo, debía confeccionarse un velo para dividir su interior. Este velo, tejido con hilos azules, púrpuras y carmesíes y con lino fino torcido, se colgaba de cuatro columnas. Después, el arca del testimonio se colocaba detrás de él. El texto declara expresamente que este velo separaba el Lugar Santo del Lugar Santísimo.
En el Lugar Santísimo se situaban el arca del testimonio y, sobre ella, el propiciatorio. Fuera del velo se colocaban la mesa y el candelabro, uno frente al otro: la mesa al norte y el candelabro al sur. También se instalaba otra cortina en la entrada del tabernáculo. Aunque toda la estructura estaba unida, sus espacios interiores no se mezclaban. El velo separaba el Lugar Santo del Lugar Santísimo, mientras que el arca, el propiciatorio, la mesa y el candelabro ocupaban los lugares que se les habían asignado.
Hoy, al volver a leer Éxodo 26, marca las expresiones «un solo tabernáculo», «una sola cubierta» y «separar». Si observas a la vez las instrucciones para unir sus distintas partes y las que dividen el espacio, podrás seguir de manera concreta el orden del tabernáculo que presenta este capítulo.
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