Éxodo 8: ¿Qué hizo el faraón cuando cesaron las plagas?
En Éxodo 8, el faraón incumplió su promesa cuando desaparecieron las ranas y las moscas. Examinamos sus reiteradas negativas y una acción concreta para hoy.

Cuando cesaron las plagas, el faraón no cumplió su promesa, sino que endureció su corazón y se negó a dejar salir al pueblo. Éxodo 8 muestra lo que dijo y cómo actuó mientras las ranas, los piojos y las moscas invadían Egipto. En particular, relata con claridad dos ocasiones en las que, aun después de que pasó la aflicción, no escuchó la palabra de Jehová.
Dos promesas y dos negativas
Jehová envió a Moisés ante el faraón para ordenarle que dejara salir al pueblo. Debía permitir que el pueblo fuera a servir a Jehová. También le advirtió que, si se negaba, las ranas invadirían todo el territorio de Egipto.
Cuando las ranas entraron en el palacio, las casas, los dormitorios, los hornos y las artesas, el faraón mandó llamar a Moisés y a Aarón. Les pidió que rogaran a Jehová para que alejara las ranas. A cambio, prometió dejar salir al pueblo para que ofreciera sacrificios a Jehová.
Cuando las moscas llenaron Egipto, el faraón volvió a llamar a Moisés y a Aarón. Dijo que permitiría al pueblo ofrecer sacrificios en el desierto y les pidió que oraran por él. Sin embargo, después de que ambas plagas desaparecieron, sus acciones contradijeron sus palabras.
Cuando desaparecieron las ranas, el faraón no escuchó
Moisés preguntó al faraón cuándo quería que desaparecieran las ranas, y él respondió: «Mañana». Moisés le aseguró que las ranas se retirarían en el momento que había señalado, para que supiera que no había nadie como Jehová. Luego Moisés clamó a Jehová, y Jehová hizo conforme a su palabra.
Las ranas salieron de las casas, los patios y los campos, y murieron. La gente las amontonó y la tierra quedó cubierta de mal olor. Tal como había pedido el faraón, las ranas desaparecieron de los lugares donde vivía la gente.
Pero, al ver que tenía alivio, el faraón endureció su corazón. No escuchó a Moisés ni a Aarón. Durante la plaga había prometido dejar salir al pueblo, pero cuando esta cesó no actuó de acuerdo con su promesa.
Su obstinación continuó ante los piojos y las moscas
Cuando Aarón golpeó el polvo de la tierra con su vara, este se convirtió en piojos que cubrieron a las personas y a los animales. Los hechiceros intentaron hacer lo mismo, pero no pudieron. Aunque dijeron al faraón que aquello era obra del dedo de Dios, su corazón se endureció y no quiso escuchar.
Después, al enviar las moscas, Jehová hizo distinción con la tierra de Gosén, donde habitaba su pueblo. Allí no hubo moscas, mientras que el palacio del faraón, las casas de sus siervos y todo Egipto se llenaron de ellas. La tierra quedó devastada por la plaga.
Al principio, el faraón dijo que ofrecieran sacrificios dentro de Egipto. Moisés respondió que debían ir al desierto, tal como Jehová les había mandado. Entonces el faraón accedió a dejarlos salir, pero puso como condición que no fueran demasiado lejos. Sin embargo, cuando todas las moscas desaparecieron después de la oración de Moisés, el faraón volvió a endurecer su corazón y no dejó salir al pueblo.
Contrasta directamente las palabras y las acciones del faraón
Éxodo 8 no solo registra lo que dijo el faraón durante las plagas. También muestra, junto a sus palabras, lo que hizo después de que Jehová retiró cada plaga. Su reacción no fue un error aislado: se repitió tanto después de la desaparición de las ranas como después de la partida de las moscas.
Hoy vuelve a leer Éxodo 8:8-15 y 25-32 en la sección de lectura de la Biblia. Divide una hoja en dos columnas y escribe como encabezados «Lo que dijo el faraón durante la plaga» y «Lo que hizo el faraón cuando cesó la plaga». Anota una frase en cada columna. Al contrastar ambos relatos, podrás reconocer la obstinación del faraón mediante las propias expresiones del pasaje.
Fundamento bíblico
- Éxodo 8:1-15
- Éxodo 8:16-19
- Éxodo 8:20-32
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