Números 31 enseña que las órdenes continuaron incluso después de la victoria
Números 31 no solo relata la batalla contra Madián. También muestra cómo la purificación posterior, el reparto del botín y las ofrendas se llevaron a cabo conforme al mandato de Jehová.
El tema central de Números 31 no es únicamente la batalla contra Madián, sino también que todo lo ocurrido después de la victoria debía realizarse conforme al mandato de Jehová. Aunque el combate había terminado, todavía quedaba purificar a los cautivos y los objetos, repartir el botín según las porciones establecidas y separar lo que debía ofrecerse a Jehová. Números 31 muestra que el mandato, iniciado con los preparativos para la guerra, siguió vigente incluso después del regreso al campamento.
Mil hombres de cada una de las doce tribus fueron a la guerra
Jehová le ordenó a Moisés que vengara a los hijos de Israel de los madianitas. Moisés escogió a mil hombres de cada tribu y reunió un ejército de doce mil hombres armados. Finees, hijo del sacerdote Eleazar, también acompañó al ejército llevando los utensilios del santuario y las trompetas para dar la señal.
El versículo 7 dice que atacaron a Madián «como Jehová lo mandó a Moisés». El punto de partida de la guerra no fue el tamaño del ejército ni el criterio de sus comandantes, sino la orden que Moisés había recibido. El texto relata con detalle que murieron los cinco reyes de Madián y Balaam, y que el ejército de Israel llevó al campamento cautivos, animales y bienes.
El ejército que regresó no pudo entrar de inmediato en el campamento
Moisés se enojó con los jefes de millar y de centena que habían vuelto de la batalla porque habían dejado con vida a las mujeres madianitas. Explicó que ellas, siguiendo el consejo de Balaam, habían inducido a los hijos de Israel a pecar en el episodio de Peor, lo que provocó una plaga entre la congregación. Así, el texto relaciona directamente las medidas tomadas después de la guerra con lo sucedido anteriormente en Peor.
La orden que sigue es sumamente severa. El texto dispone que se dé muerte a los niños varones y a las mujeres que habían conocido varón, mientras que las jóvenes que no habían conocido varón debían quedar con vida. Números 31 no presenta esta orden como un principio general aplicable a todas las guerras actuales. Dentro del pasaje, se trata de una medida situada en el contexto del mandato de vengarse de Madián y de la explicación de Moisés sobre lo ocurrido en Peor.
Quienes hubieran matado a alguien o tocado un cadáver debían permanecer siete días fuera del campamento. En el tercer y el séptimo día tenían que purificarse, tanto ellos como los cautivos. También debían purificar la ropa y los objetos hechos de cuero, pelo de cabra o madera. Los metales que resistían el fuego debían pasar por el fuego y por el agua de purificación; los objetos que no resistían el fuego debían pasar por el agua. Los soldados solo podían entrar en el campamento después de lavar sus ropas en el séptimo día. Haber regresado de la batalla no les permitía reincorporarse de inmediato a la comunidad.
El botín fue contado, repartido y separado para la ofrenda
Jehová ordenó contar a las personas y los animales tomados como botín. Una mitad debía entregarse a los soldados que habían participado en la guerra y la otra, a la congregación. De la parte correspondiente a los soldados, uno de cada quinientos debía entregarse al sacerdote Eleazar; de la parte de la congregación, uno de cada cincuenta debía darse a los levitas encargados del tabernáculo.
El texto registra por separado la cantidad de ovejas, vacas, asnos y personas. Después calcula la mitad de los soldados y la mitad de la congregación, e indica qué porción de cada una fue entregada a Jehová. Los versículos 31, 41 y 47 repiten que Moisés y Eleazar actuaron conforme a lo que Jehová había mandado. Aunque el botín era abundante, quienes lo trajeron no se apropiaron de todo a su antojo. El recuento, la división en dos partes y la separación de las ofrendas se realizaron según lo ordenado.
Al final, los jefes de millar y de centena informaron que, después de contar a los soldados, no faltaba ni uno solo. Entonces llevaron las joyas de oro que cada uno había obtenido y las ofrecieron a Jehová. Moisés y Eleazar introdujeron el oro en el tabernáculo de reunión como memorial de los hijos de Israel delante de Jehová.
En Números 31, la victoria no termina cuando concluye la batalla. El ejército pasó por un proceso de purificación fuera del campamento; el botín fue contado y repartido entre los soldados y la congregación; y las porciones establecidas se entregaron al sacerdote y a los levitas. El oro ofrecido voluntariamente por los oficiales quedó guardado en el tabernáculo de reunión. Desde los preparativos para la guerra hasta la purificación, el reparto y la ofrenda, el criterio que se repite es el mismo: «como Jehová había mandado».
Hoy, al volver a leer Números 31, marca la expresión «como Jehová había mandado» en los versículos 7, 31, 41 y 47. Después, escribe junto a cada versículo una frase que explique qué se había ordenado y cómo se cumplió. Así podrás ver con claridad cómo este extenso capítulo repite una y otra vez el mismo criterio.
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