¿Por qué Números 34 estableció tanto los límites como los responsables del reparto?
Números 34 describe con precisión los límites de Canaán y encarga a Eleazar, Josué y los jefes de cada tribu la distribución de la herencia. Analizamos por qué se determinaron a la vez el territorio y sus responsables.
Números 34 presenta tanto la extensión de la tierra que recibiría Israel como las personas encargadas de repartirla. Canaán no era una promesa imprecisa, sino una herencia delimitada al sur, al oeste, al norte y al este. La tierra debía distribuirse por sorteo, bajo la responsabilidad de Eleazar, Josué y los jefes de cada tribu.
Los cuatro límites de Canaán quedaron definidos con precisión
El Señor declaró que, cuando los israelitas entraran en la tierra de Canaán, aquella tierra sería su herencia. A continuación, señaló uno por uno sus límites en cada dirección.
La frontera meridional comenzaba en el extremo del mar Salado. Pasaba al sur de la cuesta de Acrabim, atravesaba Zin y llegaba al sur de Cades-barnea; después continuaba por Hazar-adar, Asmón y el torrente de Egipto hasta alcanzar el mar. Al oeste, el límite era el mar Grande.
La frontera septentrional se extendía desde el mar Grande hasta el monte Hor y continuaba por la entrada de Hamat, Zedad y Zifrón hasta llegar a Hazar-enán. La frontera oriental descendía desde Hazar-enán, pasando por Sefam, Ribla y el lado oriental de Ain, hasta la ribera oriental del mar de Cineret. Luego seguía por el Jordán y terminaba en el mar Salado.
El pasaje no resume los límites con una simple referencia a los cuatro puntos cardinales. Registra los numerosos lugares por donde la frontera pasaba o cambiaba de dirección. Al final vuelve a confirmarlo: «Estos serán los límites de vuestra tierra en derredor». Canaán, la herencia que recibiría Israel, era un territorio claramente delimitado.
No todas las tribus recibieron la tierra de la misma manera
Moisés ordenó que la tierra comprendida dentro de aquellos límites se distribuyera por sorteo. Esa herencia debía repartirse entre nueve tribus y media.
Las tribus de Rubén y Gad ya habían recibido su herencia según sus clanes. También la había recibido la mitad de la tribu de Manasés. El territorio concedido a estas dos tribus y media se encontraba al otro lado del Jordán, frente a Jericó, hacia el este.
Por tanto, los límites de Canaán establecidos en los versículos 3 al 12 están estrechamente relacionados con los destinatarios de la distribución mencionados en los versículos 13 al 15. Después de describir la extensión de Canaán, el texto distingue entre las tribus que recibirían su herencia dentro de ella y las que ya la habían recibido al este del Jordán. Así quedan definidos tanto el territorio que debía repartirse como sus destinatarios.
La distribución de la herencia se confió a personas identificadas por nombre
Una vez definidos el territorio y sus destinatarios, se designó a quienes estarían a cargo del reparto. El sacerdote Eleazar y Josué hijo de Nun recibieron la responsabilidad de distribuir la tierra como herencia. El Señor también ordenó escoger a un jefe de cada tribu para participar en la distribución.
El pasaje registra uno por uno el nombre y la tribu de cada representante, desde Caleb, de la tribu de Judá, hasta Pedael, de la tribu de Neftalí. No se limita a decir que participaron los jefes, sino que deja constancia de quién representaba a cada tribu.
El versículo 29 concluye que estos fueron los hombres a quienes se ordenó repartir la herencia entre los israelitas en la tierra de Canaán. La primera parte del capítulo establece los límites del territorio que debía distribuirse; la última identifica a las personas responsables de hacerlo. El reparto de la herencia era una tarea que debía realizarse en un territorio determinado y por personas expresamente designadas.
Hoy podemos anotar el alcance de una tarea y quién será responsable de ella
Siguiendo el desarrollo de Números 34, hoy podemos poner por escrito el alcance y el responsable de alguna tarea que deba realizarse en conjunto. Primero podemos definir qué hay que hacer y hasta dónde llega la tarea; después, dejar anotado por nombre quién se encargará de ella. Del mismo modo que el pasaje registra minuciosamente los lugares y los límites, aclarar el alcance y la responsabilidad evita que el trabajo quede en algo impreciso.
Cuando vuelvas a leer Números 34 en Lectura de la Biblia, prueba a marcar por separado los lugares que delimitan el territorio y los nombres de quienes debían repartirlo. Así podrás distinguir con mayor claridad el orden en que aparecen los cuatro límites, las tribus que recibirían la herencia, las que ya la habían recibido y las personas encargadas de distribuirla.
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